Justa es un referente dentro del feminismo pero también en la lucha contra el franquismo y, después, contra el sistema capitalista. Aboga por un feminismo que no eluda la lucha de clases y que empodere a las mujeres en todos los ámbitos de la vida, en todos los espacios.

Todas y todos conocemos el poema ese que termina con: “Hay hombres que luchan toda la vida, ellos son los imprescindibles”. No habla de mujeres. Pero si lo hiciera hablaría de Justa Montero.

Es un privilegio hablar con ella. Por eso hemos decidido no cortar la entrevista y publicarla en dos partes.

Pregunta: Cada vez hay más mujeres concienciadas, que tienen claros sus derechos. El feminismo puede ser la ideología que más ha avanzado en todos los aspectos en el siglo XXI pero ¿qué está pasando? Porque da la sensación de que se está viviendo una recesión ideológica en la sociedad, en los hombres sobre todo…
Justa Montero: Creo que hay una potencia y una presencia tan fuerte de las mujeres en todos los espacios pero sobre todo en la calle, que es lo que más miedo les da, que hace que determinados sectores reaccionen a la defensiva.
– P.: Pero nosotras, realmente, no somos el enemigo
– J.M.: Ya, pero cuando hay una contestación de las mujeres tan contundente a las violencias machistas, cuando se exige corresponsabilidad en el trabajo de cuidados…… pues muchos ven que tambalea esa situación de privilegio que les da el patriarcado, ven atacada su masculinidad  tradicional y en vez de sumarse a las propuestas feministas, que son para toda la sociedad, reaccionan a la defensiva o reafirmando su machismo

– P.:
El pasado mes de enero tuvo lugar en Madrid la cabalgata de Reyes. ¿Qué sentido tiene la polémica que se suscitó con la presencia de la carroza del colectivo LGTBI cuando, por ejemplo, van empresas privadas que no se destacan por sus buenas prácticas y a todo el mundo le parece bien que estén repartiendo caramelos?
– J.M.: Sí, pero junto a esa polémica hubo mucha gente del barrio de Vallecas que le parecía muy bien. Pero hay un sector que reacciona con una hostilidad que está yendo en aumento. El nivel de agresividad que se ve en las redes sociales hacia este tipo de acciones, de visibilizaciones, es tremendo.
– P.: Entre los jóvenes ahora parece que hay dos tipos muy diferenciados en cuanto a las relaciones de pareja: uno que está por las parejas abiertas, intentando que no se den dominaciones de género, más libres, en definitiva, y otro completamente retrógrado con unas relaciones basadas en el control y en la dominación clara de los miembros masculinos de la pareja.
– J.M.: Si, hay como una dualidad. Hay un sector que parece que se reafirma ante los cambios.
-P.: Nuestro sindicato, el MATS, se dirige fundamentalmente a la sanidad, un sector en el que las mujeres son mayoría. Nuestra afiliación está compuesta de una forma paritaria, vamos a poner que entre un 60-40% hacia cualquiera de los dos sexos y sin embargo se detecta falta de participación de las mujeres en las Asambleas y, por lo tanto, en la toma de decisiones y también influye a la hora de plantear también ciertos temas y  en cómo se plantean.

– J.M.: 
Esto es un reflejo de la sociedad. Lo que pasa es que esa movilización  tan fuerte de mujeres en la calle,  parece que no se manifiesta tanto, pero vayamos donde vayamos es algo que sigue sucediendo. Hasta en las organizaciones mixtas más majas, en sindicatos como el vuestro, es algo que sigue sucediendo. Por eso hay que seguir luchando.
Cuesta mucho trabajo entretejer el feminismo en la vida cotidiana de las organizaciones. Hace años, por ejemplo en algunos partidos, las formas de discusión eran diferentes y teníamos la ventaja de contar con unas estructuras que permitían cierto nivel de participación y cuando conseguíamos algo eso se extendía y las decisiones que se tomaban llegaban al movimiento sindical, al vecinal, a la universidad… Se creaba así una cultura feminista muy fuerte.
Conseguir eso en un sindicato es difícil pero es importantísimo, porque si no se hace un sindicalismo masculino, que no contempla la realidad de todas y todos. Y la única forma es que las feministas estemos ahí, peleando por un sindicalismo de clase y feminista, y por un sindicato feminista, por eso la presencia de las mujeres tiene que ser continua, e ir consiguiendo cosas poco a poco.
– P.: ¿Qué importancia le das a la inclusividad en el lenguaje?
– J.M.: Durante algún tiempo no le di demasiada importancia, pero cuando ves la resistencia que hay y las reacciones que provoca, te das cuenta que hay un problema. Que cuando se habla en masculino se piensa en los hombres, que el masculino no es inclusivo, y las mujeres no nos sentimos nombradas y por tanto se nos invisibiliza, eso quiere decir que se invisibiliza nuestra situación concreta, nuestros problemas, nuestra condición de sujetas. Por eso es importante que el lenguaje nombre a hombres y a mujeres.
Después de tantos años creo que es fundamental la estrategia y la pedagogía. En el feminismo hay que ser estratégicas hay que ser muy firmes y también medir los pasos que se dan, porque si no te quemas. Hay que elegir las batallas a dar y en qué momento, pero siempre con continuidad. Y luego, ser muy pedagógicas: ser muy firmes cuando hay que serlo, enfrentarse a las resistencias, a las presiones e ir viendo cómo convencer.
– P.: ¿Cómo metes el feminismo en los barrios, en los institutos, en los sindicatos, en las asociaciones en los tiempos actuales?
– J.M.: En los institutos se están creando cantidad de grupos de mujeres jóvenes, es algo espectacular. Nunca hemos vivido una situación en la que el número de grupos de mujeres jovencísimas sea tan alto y tan combativo. Hay muchas enseñantes también que potencian el feminismo en sus clases. Así que hay muchas chavalas que se están organizando con muchas herramientas. Están las redes, pero también, como hemos dicho, profesoras que empiezan a enseñar de otra manera y las madres de muchas de ellas que fueron parte del movimiento feminista y que lo siguen siendo. Y en vez de ir individualmente, se organizan en institutos, universidades o barrios. Se produce un efecto contagio que es muy positivo.
Cuando se convocó en noviembre la manifestación de apoyo a las mujeres de Pamplona, no me podía creer la cantidad de mujeres jóvenes que había en el andén y que fueran a la mani y estuve preguntando. Y eran estudiantes que venían de distintos institutos como grupos.

– P.: ¿Qué te parecen los grupos no mixtos en las manifestaciones? ¿Qué dirías a los hombres que no entienden que las manifestaciones feministas se organicen así y que ellos no puedan en los bloques no mixtos?
– J.M.: Yo creo que se debe respetar. Muchas veces los hombres se empecinan porque no entienden que unas mujeres quieran ir solas, con todo el derecho del mundo. Es no respetar la autonomía de una gente que se organiza y quiere ir ahí, no puedes pretender que tu opinión quede por encima del criterio de las personas que lo han organizado. Querer entrar en un grupo no mixto ya son ganas, tienes toda la manifestación para ir, miles de personas. Y hay hombres que se empeñan en ir a uno no mixto: a ti te puede parecer bien o mal, pero ellas han decidido ir así. Es una forma de intentar imponerte tú por encima de ellas. Considero que es machismo puro. Ellas no te impiden ir, solo te piden que las dejes ir como ellas quieren: sin hombres. Repito: las manifestaciones son muy grandes y nadie te impide ir: ¿qué más te da ir cien metros arriba o abajo? El problema es tuyo.
– P.: ¿No es una nueva especie de machismo encubierto? Somos hombres, somos feministas, pero no aceptamos que una mujer nos diga dónde debemos ir
– J.M.: Sí, simplemente los hay que no lo pueden aceptar. A mí, hombre, feminista de toda la vida, por favor, me vas a decir tú lo que tengo que hacer cuando ya iba a manifestaciones de mujeres cuando aún no habías nacido.
– P.: Volviendo a las organizaciones mixtas, ¿el machismo puede ser una cuestión de liderazgo?
– J.M.: En hombres con una larga trayectoria política, sí que puede serlo. Lo malo es que si después de toda una vida de lucha no han entendido de qué va el feminismo… Es que no han entendido nada. Han hecho un recorrido político de espaldas a lo que ha ido haciendo el movimiento feminista.
En todas las organizaciones mixtas, en unas más y en otras menos, existe un machismo que se nota en cómo las mujeres pueden participar, en que, aunque las mujeres sean mayoría los liderazgos, las portavocías y las dinámicas son muy masculinas… Y eso sucede en todas salvo en aquellas en que se hayan propuesto, desde grupos de mujeres, ir variando esa situación en el grupo a partir de una reflexión y un aprendizaje colectivos, y de unas metodologías de trabajo asambleario diferente. Pero para eso la gente se tiene que dar cuenta de que hay un problema. Y el problema lo es desde el momento en que las propias mujeres lo ven y deciden plantearlo y, en muchos casos, organizarse.
– P.: Por otro lado tenemos a mujeres que se organizan y que también tienen una historia detrás, en muchas ocasiones nada agradable: trabajo precario, malos tratos físicos o psicológicos anteriores, acoso laboral y sexual, una carga de trabajo doble, que hacen también de cuidadoras de sus padres, sus suegros, sus hijos… Les dices que tienen voz y que, además, pueden usarla. ¿Tú tienes idea de cómo romper el miedo nuestro, el de las mujeres? El patriarcado machaca mucho. Y pesa.
– J.M.: Yo creo que tenemos que mirar a las experiencias que tenemos más cercanas porque esto es así ahora, pero antes era mucho más fuerte. En las experiencias en las que se han podido ir abriendo otros espacios tiene que ver con el apoyo en las asambleas y en dar legitimidad a lo que las mujeres decimos. Dar legitimidad, apoyo y tener como punto de referencia, cuando estamos de acuerdo y nos parece interesante, claro, lo que ha dicho una mujer y nombrarlo. Si te das cuenta en las reuniones los referentes suelen ser fulanito y menganito, hombres. Sin embargo, lo que decimos las mujeres, como lo decimos de otra forma, en muchas ocasiones no lo tienes tan hiperestructurado aunque el contenido sea impecable, por esa otra forma de hacer y de decir las mujeres no son referentes en el discurso.
Es importantísimo que haya espacios de organización de las mujeres, porque si no se impulsa eso de forma colectiva desde las mujeres es muy difícil, porque entonces es cada mujer, de forma individual, frente a la presión, y eso es abrasador. Por eso muchas mujeres acaban abandonando o teniendo una actitud más pasiva. Incluso desde el punto de vista del interés general interesa que las mujeres participen porque si lo hacen habrá más participación, más ideas, más iniciativas, más actividad. Y la única forma de conseguirlo es desde algo que empuje porque si no, de forma natural, es imposible.
– P.: Hay cierta tendencia a separar el sindicalismo del feminismo con el argumento de que el feminismo es un espacio que puede incluir a todas las mujeres, independientemente de su clase social y que un sindicato de clase, como el nuestro, lucha por el interés de los trabajadores y trabajadoras como clase, en su conjunto. ¿Cómo convencerías a un compañero de trabajo, activista, de que su lucha y la mía como mujer y feminista es la misma?
– J.M.: Pues a distintos niveles. Si es una persona organizada que tiene una opción de cambio, de pelar por un cambio en las condiciones laborales o un cambio más amplio , lo primero que le preguntaría es ¿para ti qué son las injusticias? ¿qué es la justicia social para ti? La justicia social consiste en que no pueda haber personas que vivan y sufran una discriminación en esta sociedad. Entonces una persona por ser mujer y trabajadora no puede vivir en una situación de discriminación: que por el hecho de ser mujer cobre menos. Ahora estoy pensando en la situación de las mujeres que trabajan en residencias, ya sea en Vizcaya o en el AMAS de Madrid, que por ser mujeres viven con unas condiciones retributivas y de trabajo de sobreexplotación; que por ser mujer tanto legal como socialmente parezca normal el que tú te tengas que encargar de los cuidados de las personas dependientes, que tú tengas que coger los permisos para llevar a tu hijo al médico o a tu suegra a la revisión, sabiendo que eso supone una discriminación en tu profesión, en la jubilación posterior… Si alguien lucha por la igualdad y contra la explotación de clase, laboral… no pueden estar de acuerdo en mantener cualquier tipo de discriminación, tanto en el ámbito laboral como en la condición de trabajadoras asalariadas como en tu condición de persona como mujer. Que una mujer pueda ser asesinada por su pareja o expareja porque se crea con derecho a disponer de su vida. Alguien que está comprometido con una lucha social y una lucha de clase no puede, es imposible, que no combata de forma inequívoca todos los espacios en donde se produce desigualdad para las mujeres, porque una cosa lleva a la otra.

– P.: Hablando de cuidados, habrás visto el lema de “Madrid, ciudad de los cuidados” ¿no da un poco de miedo? Porque cuidados está asociado a la mujer y a ella le corresponde mayoritariamente esa responsabilidad en el seno de la familia.
– J.M.: Hay que valorar y dignificar el trabajo de los cuidados, hay que hacer ver a la sociedad que sin el trabajo que conllevan los cuidados sería imposible la reproducción social de la vida, pero yo creo que esta reivindicación de los cuidados tiene que estar acompañada también de una crítica a la idea de que esa tarea corresponda a las mujeres. Y eso no es una crítica en abstracto: lo que está pasando actualmente es que la Ley de Dependencia, que ya era limitada y que recibió muchas críticas, además se ha ido recortando y cada vez son menos las prestaciones y más precarias las condiciones laborales de las trabajadoras y menores personas que pueden ser cuidadas. Y el resultado es que cada vez más mujeres son las que tienen que asumir los resultados de los recortes en estas prestaciones y más mujeres son las que tienen que realizar este trabajo en sus familias.
Hay que hacer una crítica a una tendencia a mistificar lo que son los trabajos de cuidados. ¿Para qué hay que valorizarlos? Pues para que toda la sociedad se haga responsable: los hombres corresponsables y el Estado y las Administraciones para que ponga los recursos y servicios necesarios. Y por supuesto, generando y garantizando condiciones de trabajo dignas a todas las trabajadoras  y a todos los trabajadores que se dedican a los cuidados en todos los niveles. Si no hacemos todo ello simultáneamente se corre el riesgo de caer en un discurso que acaba mistificar los cuidados. Tenemos el derecho al cuidado y la persona que nos cuida lo tiene a que sus condiciones laborales sean justas. Y que haya recursos y servicios.

– P.: Esta es una de las discriminaciones que se da en todo el mundo laboral, incluida la Administración: las excedencias por cuidados las solemos coger las mujeres, queramos o no, con las consecuencias que ello tiene.
– J.M.: Es como la cara amable del feminismo. A todo el mundo le parece estupendo hablar de los cuidados pero nadie aterriza en lo que significa: ni los hombres se corresponsabilizan ni hay recursos ni servicios por parte del Estado. Ahí es donde está la trampa.
– P.: Pero es muy complicado hacer que los hombres participen en los cuidados sobre todo si ello influye en su vida laboral, es una cuestión de educación y de mucha pelea en el seno de la familia.
– J.M.: Sí,  es muy importante la educación, los modelos que se transmiten de masculinidad y feminidad, y por supuesto “la pelea” en la familia y la concienciación por parte de toda la sociedad. Porque si hiciéramos una encuesta, seguro que la mayoría de los hombres diría que está de acuerdo en la importancia del trabajo de cuidados. Pero de la opinión a la realidad, hay mucho trecho.
Y educación es también que los hombres se cojan la baja de paternidad, conseguir ampliar los permisos para los hombres; que cuando se hable del modelo de ciudad, nos fijemos en la necesidad de servicios y recursos de proximidad para las personas dependientes porque si no es una locura. Ya sabes que para el 8 de marzo se proponen cuatro tipos de huelga: la laboral, la de consumo, la estudiantil y la de cuidados. En la de cuidados, una de las cosas que se proponen, entre muchas, es que esa semana sea un espacio para discutir en todos los ámbitos (la familia, las casas, los barrios) cómo poder organizar de forma equitativa los cuidados.
– P.: También hay que tener en cuenta el que a la hora de prescindir de un sueldo, el de la mujer suele ser el más bajo.
– J.M.: Es la pescadilla que se muerde la cola. La responsabilidad de las mujeres del trabajo de cuidados sirve de justificación para la discriminación salarial y laboral en general, y como se cobra menos, parece “normal” que sean ellas las que cogen las excedencias para cuidar a familiares dependientes, los permisos, etc… y eso vuelve a jugar en nuestra contra. Creo que la huelga feminista de este próximo 8 de marzo es una gran ocasión para debatir de todo esto y ver cómo se puede cambiar.