Llevamos años asistiendo al progresivo desmantelamiento de la sanidad pública, con una progresiva disminución del gasto público sanitario, que ha pasado de ser un 6,7% del PIB en el año 2009 a un 5,9% en el año 2017. En la comunidad de Madrid, a pesar de la apertura de 7 nuevos hospitales en los años 2007-2008, de los que estos días presume la ex presidenta Esperanza Aguirre, la plantilla de trabajadores del SERMAS se ha reducido de 76.359 trabajadores en el año 2008 a 74.095 en el año 2019, alcanzando su mínimo en el año 2013 con 69.242 trabajadores. Si nos fijamos en el número de camas, en 2008 el SERMAS disponía de 14975 camas, mientras que en 2018 son 14.334 (623 camas menos), de las cuales solo se encuentran en funcionamiento 12.246 (utilizarlas supondría contratar mucho más personal).

En el marco de la estrategia del derrumbamiento de la sanidad pública madrileña, se implanta una cultura de contratación cortoplacista e ineficaz, que considera al personal como pieza intercambiable, haciéndose sistemáticos los contratos eventuales, por días, incluso por horas, y sujetos a la demanda asistencial del momento.

Entendemos la precariedad laboral como inestabilidad en el empleo, con un aumento de la vulnerabilidad, menores ingresos, y menor accesibilidad a prestaciones y beneficios sociales. Es precaria la que firma un contrato para pasar consulta un día en un centro de atención primaria, es precario el que firma un contrato de refuerzo en una planta de hospitalización por la epidemia anual de la gripe para 5 días, es precario el que tiene un contrato de intensificación para “ayuda a la investigación” y cobra el 50% del sueldo aunque trabaja el 100%, la que tiene una beca para investigación y cobra la mitad de un sueldo de facultativo pero hace el mismo trabajo, y además, investiga.

La precariedad laboral está instaurada de forma habitual en los servicios de urgencias, en los que los contratos eventuales suponen el 41,5% (Marzo 2020). Recientemente veíamos como las eventuales del hospital Severo Ochoa se plantaban ante la Consejería de Sanidad exigiendo estabilidad laboral, y negándose a seguir firmando contratos de un mes de duración.

Las políticas de recortes en los servicios públicos exigidas por Europa y llevadas a cabo por las diferentes comunidades autónomas han llevado al sofocamiento al sistema sanitario, el cual ya estaba muy dañado antes de la actual crisis. Situación que ha sido denunciada en múltiples ocasiones por las y los trabajadores del sistema público de salud. Cuantas veces esos mismos sanitarios que ahora son considerados héroes han sido considerados molestos por denunciar situaciones incompatibles con una sanidad de calidad y exigir cambios que garanticen el buen funcionamiento de nuestro sistema sanitario.

A finales de marzo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaba sentencia en uno de los muchos casos que demandan un abuso de temporalidad contractualpor parte de laadministración pública en el sistema sanitario. Tras la información aportada por los jueces españoles, en dicha sentencia se señala «la existencia de un problema estructural en el sector público de la sanidad española, que se traduce en un elevado porcentaje de empleados públicos temporales, quienes constituyen, por esta razón, un elemento esencial del funcionamiento de dicho sector».Según el propio tribunal, admite que «es inevitable que con frecuencia sean necesarias sustituciones temporales», sin embargo «no puede admitirse que nombramientos de interinos y eventuales puedan renovarse para desempeñar funciones permanentesde actividad normal del personal estatutario fijo». 

Y en este contexto, ¿cómo nos hemos enfrentado a una crisis de esta magnitud?

Nuestro sistema de salud no estaba preparadopara una pandemia de estas características. Todos los años se vive con temor la “epidemia anual de la gripe”, gerentes, directores y subdirectores médicos siguiendo a diario las mismas curvas con las que tanto nos hemos familiarizado con el COVID-19, no es de extrañar que no estuviésemos preparados para esta pandemia viendo como anualmente se enfrenta nuestro sistema a la epidemia de la gripe.

Contratos eventuales, para todo el personal (médicas, enfermeras, auxiliares, celadoras…) que se hacen y se deshacen en función de como va evolucionando la epidemia. Todos los años colapsan las urgencias y las plantas de hospitalización, no hay planificación y los contratos se realizan en función de la demanda, por eso ya nos hemos acostumbrado a firmar contratos en los que se especifica: “CONDICIONES DEL NOMBRAMIENTO: Duración y causa de la escisión: del … al … No obstante, este nombramiento finalizará con anterioridad a la fecha indicada siempre que desaparezca la necesidad de recursos humanos de naturaleza temporal, coyuntural o extraordinaria, como consecuencia del incremento de los efectivos existentes a la fecha de la firma del presente nombramiento en la categoría objeto del mismo.”

Se abren plantas “in extremis”, cuando la situación de ocupación de camas hospitalarias se desborda, en aras del máximo ahorro y aprovechándose de las precarias condiciones laborales que ofrecen (temporalidad y contratos “por obra y servicio”, denigrante disponibilidad permanente para incorporación de personas pendientes de una “llamada de bolsa”, etc), denotando un falta inadmisible de previsión y organización, un trato más que irrespetuoso a los profesionales sanitarios, y la consiguiente pauperización de la calidad en la asistencia. En un buen equipo de trabajo, una persona sin experiencia tendría que comenzar arropada por el resto de las compañeras, y aprender progresivamente. En los picos de la epidemia anual de la gripe, en las plantas que se abren “extra”, casi todo el mundo es nuevo, por lo que es un “sálvese quien pueda”. En estas circunstancias comprenderán que es imposible cumplir unos mínimos estándares de calidad.

A la luz de esta visión cortoplacista de gestión, y viendo como se comportan nuestros gestores ante esta epidemia que todos los años sufre nuestro sistema, no es de extrañar que el sistema haya hecho aguas durante esta pandemia, y las malas prácticas se repitan de nuevo: Una compañera que lleva 9 años trabajando en un mismo hospital, encadenando contratos precarios y eventuales (sin que sean para una misma tarea y con tiempos sin contrato, así la consejería puede evitar su obligación de convertir a personal interino a todos los eventuales que encadenen contratos por un plazo superior a dos años), firmaba en Marzo un contrato por un plazo de dos meses con la misma cláusula que se firman demasiados contratos en la administración pública: “No obstante, este nombramiento finalizará con anterioridad a la fecha indicada siempre que desaparezca la necesidad de recursos humanos de naturaleza temporal, coyuntural o extraordinaria, como consecuencia del incremento de los efectivos existentes a la fecha de la firma del presente nombramiento en la categoría objeto del mismo”.

Y ya vemos las consecuencias de este tipo de contrataciones, como se denuncia estos días en la prensa, “integrantes del personal sanitario contratado como extra para frenar la pandemia del covid-19 en la Comunidad de Madrid no han sido renovados en sus puestos de trabajo o han sido dados de baja con contrato vigente” en referencia a técnicos de radiodiagnóstico, o la reciente decisión de la Comunidad de Madrid de no renovar los contratos de las “miles de enfermeras” que han trabajado en la crisis del Covid-19 y que han sido “los más precarios del Estado”(firmando contratos de 15 días en vez de hasta el 30 de Junio como se ha hecho en la mayoría de comunidades).

Todos los que queremos pensar que esta crisis tiene que traer algo positivo, que algo tendremos que aprender, que hay que hacer fuerte el sistema sanitario y recuperar lo perdido, reflexionemos, si no nos concienciamos de que la única solución para enfrentarnos a una crisis como esta es a través de una sanidad pública de calidad, denunciamos que en ella no tiene cabida la precariedad laboral, y luchamos para el fortalecimiento de todo nuestro sistema público, nadie nos lo va a regalar, y esta crisis no hará si no que perpetuarse.

 
Una médica residente.
 

Enlaces de referencia e interés:

Llevamos años asistiendo al progresivo desmantelamiento de la sanidad pública, con una progresiva disminución del gasto público sanitario, que ha pasado de ser un 6,7% del PIB en el año 2009 a un 5,9% en el año 2017. En la comunidad de Madrid, a pesar de la apertura de 7 nuevos hospitales en los años 2007-2008, de los que estos días presume la ex presidenta Esperanza Aguirre, la plantilla de trabajadores del SERMAS se ha reducido de 76.359 trabajadores en el año 2008 a 74.095 en el año 2019, alcanzando su mínimo en el año 2013 con 69.242 trabajadores. Si nos fijamos en el número de camas, en 2008 el SERMAS disponía de 14975 camas, mientras que en 2018 son 14.334 (623 camas menos), de las cuales solo se encuentran en funcionamiento 12.246 (utilizarlas supondría contratar mucho más personal).

En el marco de la estrategia del derrumbamiento de la sanidad pública madrileña, se implanta una cultura de contratación cortoplacista e ineficaz, que considera al personal como pieza intercambiable, haciéndose sistemáticos los contratos eventuales, por días, incluso por horas, y sujetos a la demanda asistencial del momento.

Entendemos la precariedad laboral como inestabilidad en el empleo, con un aumento de la vulnerabilidad, menores ingresos, y menor accesibilidad a prestaciones y beneficios sociales. Es precaria la que firma un contrato para pasar consulta un día en un centro de atención primaria, es precario el que firma un contrato de refuerzo en una planta de hospitalización por la epidemia anual de la gripe para 5 días, es precario el que tiene un contrato de intensificación para “ayuda a la investigación” y cobra el 50% del sueldo aunque trabaja el 100%, la que tiene una beca para investigación y cobra la mitad de un sueldo de facultativo pero hace el mismo trabajo, y además, investiga.

La precariedad laboral está instaurada de forma habitual en los servicios de urgencias, en los que los contratos eventuales suponen el 41,5% (Marzo 2020). Recientemente veíamos como las eventuales del hospital Severo Ochoa se plantaban ante la Consejería de Sanidad exigiendo estabilidad laboral, y negándose a seguir firmando contratos de un mes de duración.

Las políticas de recortes en los servicios públicos exigidas por Europa y llevadas a cabo por las diferentes comunidades autónomas han llevado al sofocamiento al sistema sanitario, el cual ya estaba muy dañado antes de la actual crisis. Situación que ha sido denunciada en múltiples ocasiones por las y los trabajadores del sistema público de salud. Cuantas veces esos mismos sanitarios que ahora son considerados héroes han sido considerados molestos por denunciar situaciones incompatibles con una sanidad de calidad y exigir cambios que garanticen el buen funcionamiento de nuestro sistema sanitario.

A finales de marzo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaba sentencia en uno de los muchos casos que demandan un abuso de temporalidad contractualpor parte de laadministración pública en el sistema sanitario. Tras la información aportada por los jueces españoles, en dicha sentencia se señala «la existencia de un problema estructural en el sector público de la sanidad española, que se traduce en un elevado porcentaje de empleados públicos temporales, quienes constituyen, por esta razón, un elemento esencial del funcionamiento de dicho sector».Según el propio tribunal, admite que «es inevitable que con frecuencia sean necesarias sustituciones temporales», sin embargo «no puede admitirse que nombramientos de interinos y eventuales puedan renovarse para desempeñar funciones permanentesde actividad normal del personal estatutario fijo». 

Y en este contexto, ¿cómo nos hemos enfrentado a una crisis de esta magnitud?

Nuestro sistema de salud no estaba preparadopara una pandemia de estas características. Todos los años se vive con temor la “epidemia anual de la gripe”, gerentes, directores y subdirectores médicos siguiendo a diario las mismas curvas con las que tanto nos hemos familiarizado con el COVID-19, no es de extrañar que no estuviésemos preparados para esta pandemia viendo como anualmente se enfrenta nuestro sistema a la epidemia de la gripe.

Contratos eventuales, para todo el personal (médicas, enfermeras, auxiliares, celadoras…) que se hacen y se deshacen en función de como va evolucionando la epidemia. Todos los años colapsan las urgencias y las plantas de hospitalización, no hay planificación y los contratos se realizan en función de la demanda, por eso ya nos hemos acostumbrado a firmar contratos en los que se especifica: “CONDICIONES DEL NOMBRAMIENTO: Duración y causa de la escisión: del … al … No obstante, este nombramiento finalizará con anterioridad a la fecha indicada siempre que desaparezca la necesidad de recursos humanos de naturaleza temporal, coyuntural o extraordinaria, como consecuencia del incremento de los efectivos existentes a la fecha de la firma del presente nombramiento en la categoría objeto del mismo.”

Se abren plantas “in extremis”, cuando la situación de ocupación de camas hospitalarias se desborda, en aras del máximo ahorro y aprovechándose de las precarias condiciones laborales que ofrecen (temporalidad y contratos “por obra y servicio”, denigrante disponibilidad permanente para incorporación de personas pendientes de una “llamada de bolsa”, etc), denotando un falta inadmisible de previsión y organización, un trato más que irrespetuoso a los profesionales sanitarios, y la consiguiente pauperización de la calidad en la asistencia. En un buen equipo de trabajo, una persona sin experiencia tendría que comenzar arropada por el resto de las compañeras, y aprender progresivamente. En los picos de la epidemia anual de la gripe, en las plantas que se abren “extra”, casi todo el mundo es nuevo, por lo que es un “sálvese quien pueda”. En estas circunstancias comprenderán que es imposible cumplir unos mínimos estándares de calidad.

A la luz de esta visión cortoplacista de gestión, y viendo como se comportan nuestros gestores ante esta epidemia que todos los años sufre nuestro sistema, no es de extrañar que el sistema haya hecho aguas durante esta pandemia, y las malas prácticas se repitan de nuevo: Una compañera que lleva 9 años trabajando en un mismo hospital, encadenando contratos precarios y eventuales (sin que sean para una misma tarea y con tiempos sin contrato, así la consejería puede evitar su obligación de convertir a personal interino a todos los eventuales que encadenen contratos por un plazo superior a dos años), firmaba en Marzo un contrato por un plazo de dos meses con la misma cláusula que se firman demasiados contratos en la administración pública: “No obstante, este nombramiento finalizará con anterioridad a la fecha indicada siempre que desaparezca la necesidad de recursos humanos de naturaleza temporal, coyuntural o extraordinaria, como consecuencia del incremento de los efectivos existentes a la fecha de la firma del presente nombramiento en la categoría objeto del mismo”.

Y ya vemos las consecuencias de este tipo de contrataciones, como se denuncia estos días en la prensa, “integrantes del personal sanitario contratado como extra para frenar la pandemia del covid-19 en la Comunidad de Madrid no han sido renovados en sus puestos de trabajo o han sido dados de baja con contrato vigente” en referencia a técnicos de radiodiagnóstico, o la reciente decisión de la Comunidad de Madrid de no renovar los contratos de las “miles de enfermeras” que han trabajado en la crisis del Covid-19 y que han sido “los más precarios del Estado”(firmando contratos de 15 días en vez de hasta el 30 de Junio como se ha hecho en la mayoría de comunidades).

Todos los que queremos pensar que esta crisis tiene que traer algo positivo, que algo tendremos que aprender, que hay que hacer fuerte el sistema sanitario y recuperar lo perdido, reflexionemos, si no nos concienciamos de que la única solución para enfrentarnos a una crisis como esta es a través de una sanidad pública de calidad, denunciamos que en ella no tiene cabida la precariedad laboral, y luchamos para el fortalecimiento de todo nuestro sistema público, nadie nos lo va a regalar, y esta crisis no hará si no que perpetuarse.

 
Una médica residente.
 

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