El proyecto piloto de cierre de los centros de salud madrileños a partir de las 18.30, dejando un retén para atender urgencias pero sin dar citas, se publicita como una medida de conciliación para los médicos y de ajuste de la oferta de citas a las horas del día de mayor demanda. Sin embargo la verdad es otra: comienza la privatización de la atención primaria.
A partir de la marea blanca y con las movilizaciones en defensa de los hospitales de La Princesa y Móstoles, la privatización de los hospitales madrileños, aunque no se ha detenido, ha perdido intensidad. No avanza al ritmo deseado. Así que la ofensiva se traslada a este territorio hasta ahora poco explorado. El primer paso para privatizar un servicio público, como nos advierte Noam Chomsky, es deteriorarlo. El siguiente es tomar el hartazgo de los usuarios ante su mal funcionamiento como justificación para privatizarlo mediante las fórmulas habituales: conciertos, derivaciones, y huida de pacientes al sistema privado.
No es casualidad que los centros de salud vayan a dejar de dar citas precisamente por las tardes. Los dos grandes colectivos de usuarios de la atención primaria son los jubilados y las personas trabajadoras, especialmente las que tienen niños pequeños a su cargo. Con este plan que se propone, se mantiene en el mejor caso el número de médicos, mientras las citas pasan de 4 minutos a 10 de duración. Esto supone menos de la mitad de citas disponibles. Si le sumamos el hecho de que la mayor parte serán por la mañana, acabamos de expulsar prácticamente de la atención primaria a las personas que trabajan por la mañana, la inmensa mayoría. Ante la perspectiva de elegir entre los enormes retrasos para citarse en el centro de salud y las horas de espera y hacinamiento en los servicios de urgencias y emergencias, los trabajadores que puedan permitírselo contratarán seguros privados. El resto, jubilados, parados y trabajadores pobres, padecerán un sistema degradado. Es por esto que los centros de salud se cierran por las tardes y no por las mañanas: afectaría principalmente a los jubilados, que no van a pasarse masivamente a los seguros privados por su menor poder adquisitivo y su mayor coste para las personas mayores, que no son buen negocio. Basándose precisamente en esta degradación de la atención primaria pública e imitando la estrategia seguida con los hospitales, poco después empezarán las derivaciones, conciertos y demás estratagemas para que los pacientes del sistema público también sean atendidos por el privado.
Uniendo los puntos, la imagen que se forma es esta: EEUU. En Estados Unidos, antes del Obamacare (que está siendo derogado), un tercio de la población (el 32,9%) no tenía ningún tipo de cobertura médica. De los dos tercios con cobertura, sólo la mitad la recibía del gobierno . En resumen: un tercio de ciudadanos sin cobertura, un tercio con seguros privados y otro tercio cubiertos por el gobierno. La cobertura pública en Estados Unidos se organiza en torno a tres programas principales: Medicare, Medicaid y el VHA (Administración de Salud de los Veteranos).
Medicare da cobertura a jubilados y personas con ELA ( Esclerosis Lateral Amiotrófica), enfermedad renal terminal y ciertas discapacidades. Todo esto con diversas fórmulas de copago.
Medicaid proporciona cobertura sanitaria a las personas sin recursos, y el Veterans Healthcare Administration a las personas que hayan prestado servicio en las fuerzas armadas.
Evidentemente la política sanitaria del PP no nos está acercando a los sistemas de cobertura médica de Japón o Dinamarca. El otro sistema conocido en los países desarrollados, que tenga un nivel de privatización parecido al que se está propiciando en Madrid, es el de Estados Unidos. Muy resumido, consiste en esto: el gobierno cubre las necesidades sanitarias de jubilados, veteranos y personas sin recursos. Quien se lo puede pagar tiene seguro médico, y quien no es suficientemente pobre para Medicaid, pero no puede costearse un seguro, directamente no tiene cobertura. Por el camino, el gasto sanitario por persona en EEUU es el doble que en Francia o Japón. Los japoneses, con mayor esperanza de vida, acuden a su médico de cabecera 14 veces al año de media, menos de 3 en el caso de Estados Unidos. Además, está demostrado que los médicos de atención primaria son la única categoría médica que hace disminuir la mortalidad cuando se contrata a más profesionales.
Frente a la privatización de la sanidad pública, la cuestión de fondo ante la que tenemos que posicionarnos los madrileños es esta: ¿queremos que nuestro sistema sanitario se parezca al de Estados Unidos, o que siga siendo de los más avanzados del mundo, por delante de países como Francia y Alemania en los que el copago está muy extendido?
Guillén del Barrio. Miembro del MATS