Basta ya de corrupción, y de indecencia… Y se atreven a juzgar a los demás

Por Fernando de Silva en la categoría AnaMatoCasoGürtelCorrupción

Ana Mato, que ya sabemos recibió de la Gürtel más de 500.000 euros, junto con su esposo, en sobres en negro, regalos, fiestas de cumpleaños, viajes y coches de alta gama; y  Rafael Blasco, exconsejero en el Gobierno valenciano y actual diputado en esa Comunidad, que ha sido condenado a 8 años de cárcel por apropiarse de dinero destinado a ayuda al desarrollo en países del tercer mundo. Y aquélla, que es la que decide en qué partidas se ha de recortar para acabar poco a poco con la sanidad pública, no se ruboriza, mira para otro lado, y pone cara de póker, como si la cosa no fuese con ella. 

anamato

La misma semana en la que destacados miembros del PP y de su entorno mediático vierten sin cesar injurias y calumnias contra los miembros de Podemos y sus electores,  jugando al fascismo más repugnante en un país que se dice democrático, surgen nuevas y muy graves noticias que afectan directamente a una ministra de Rajoy y a un diputado del PP de la comunidad valenciana. Nos referimos obviamente a Ana Mato, que ya sabemos recibió de la Gürtel más de 500.000 euros, junto con su esposo, en sobres en negro, regalos, fiestas de cumpleaños, viajes y coches de alta gama; y a Rafael Blasco, exconsejero en el Gobierno valenciano y actual diputado en esa Comunidad, que ha sido condenado a 8 años de cárcel por apropiarse de dinero destinado a ayuda al desarrollo en países del tercer mundo. Y en un partido presidido por el Presidente del Gobierno siguen guardando silencio sobre los casos de corrupción que les afectan, y se dedican a insultar y descalificar a ciudadanos que han sido elegidos eurodiputados en unas elecciones democráticas. ¿No les cae la cara de vergüenza?.
Puede que, en aplicación del Código Penal actual,  Ana Mato no pueda ser imputada y condenada, bien porque en el delito fiscal no se llegue a los 120.000 euros defraudados cada año, o porque el delito de cohecho ya ha prescrito; pero, como afirmó en el hemiciclo la diputada del partido socialista Isabel Rodríguez, “..es una indecencia..”. Y aquélla, que es la que decide en qué partidas se ha de recortar para acabar poco a poco con la sanidad pública, no se ruboriza, mira para otro lado, y pone cara de póker, como si la cosa no fuese con ella. Sabe que está protegida por Mariano Rajoy, a su vez acusado por su amigo Luis Bárcenas de cobrar dinero B en sobres, y no teme perder su cargo. Pero ¿hasta cuando tenemos que soportar situaciones así?.
La información sobre el dinero percibido por Ana Mato, en metálico o en especies, procede de la propia Agencia Tributaria, dependiente de su compañero de partido y de Gobierno, Cristobal Montoro, por lo que no puede cuestionarse su veracidad. Lo que resulta chocante es que no haya dimitido y Mariano Rajoy la mantenga, quizás bajo la excusa de que los hechos no son delictivos o han prescrito. ¿Y este es el Gobierno que pretende acabar con la corrupción?.
Pero no nos olvidemos de algo muy importante: es el parlamento el que decide lo que es y no es delito, aprueba la suma a partir de la cual se puede incurrir en un delito fiscal, y  establece los plazos de prescripción. Y por lo que ahora observamos los que dictan las leyes se han cuidado mucho de que no les afecten a ellos mismos para el caso de que defrauden, se apropien de dinero público, o practiquen el cohecho para enriquecerse. Si la justicia fuese más rápida, los plazos de prescripción superiores, las penas a imponer más severas, y menor la cantidad  defraudada  a partir del cual se comete delito fiscal, es muy posible que Ana Mato estuviese ahora en prisión. Pero, como el que hace la ley hace la trampa, se mantiene en el cargo de Ministra de Sanidad.
¿Y qué decir del ya condenado Rafael Blasco?. Es de suponer que dejarán en suspenso el cumplimiento de la pena hasta que se resuelva el previsible recurso que planteará al Tribunal Supremo; y de confirmase la sentencia por el alto tribunal a buen seguro no ingresará en prisión hasta que se falle un hipotético recurso de amparo al Tribunal Constitucional, o una previsible petición de indulto. Y cuando ya nadie  se recuerde de quién era un tal Rafael Blasco, no será noticia que nunca pisó la cárcel.
Y ahora sigan insultando a diestro y siniestro. Su corrupción y su hipocresía ya resulta insoportable, hasta para muchos de sus votantes. La regeneración democrática llama a la puerta, y muchos ciudadanos han decidido el pasado domingo, por higiene, secundarla sin complejos; el olor es cada vez más pestilente y,  o acabamos con la corrupción, o  ésta acaba con la democracia. Nos estamos jugando mucho, demasiado, y no podemos permitir que estos impresentables sigan decidiendo nuestro destino.
 Sin La Venia