Boletín 4

 

El nombramiento de Antonio Burgueño como coordinador de las nuevas medidas que está implementando la Comunidad de Madrid con motivo de la pandemia del coronavirus, es una bofetada a la población madrileña.

Sólo hay que recordar lo que este señor supuso para nuestra Sanidad Pública: él, junto a otras figuras de triste recuerdo como Esperanza Aguirre, Lamela, o Fernández Lasquetty, intentaron llevar a cabo el desmantelamiento de la Sanidad Pública madrileña. Algo que no lo lograron a causa de la presión social y de la justicia, aunque su ADN se revuelva y lo siga intentando.

Ahora, con su habitual cinismo y en plena pandemia, en plena alabanza continua de todos los medios en torno al enorme esfuerzo que está desarrollando la Sanidad Pública (con la colaboración con cuentagotas de la privada) nos quieren convencer que la figura de Burgueño es importante para salir de esta emergencia de salud. Parece una broma, eso sí, de muy mal gusto. Nadie se puede creer que este hombre, que entiende la sanidad como un negocio lucrativo venga a intentar solucionar los problemas que la sanidad pública tiene en estos momentos tan difíciles. ¿Qué trae debajo del brazo? ¿Es Burgueño quien va a ser el intermediario para que la sanidad privada abra las puertas libremente a los enfermos de coronavirus? ¿Es Burgueño quien va a acordar el dinero que la sanidad privada va a llevarse con esa colaboración? Lo que faltaba, que los madrileños tuviéramos que pagar por curarnos de esta infección.

El nombramiento de Antonio Burgueño es una vergüenza, es indecoroso, inmoral y despreciativo para todas aquellas personas que pelearon y pelean desde la calle y desde los puestos de trabajo para que nuestra Sanidad Pública tenga los mejores y suficientes recursos. Ahora, cuando más se necesitan, hay que acordarse de los salvajes recortes impuestos, hace más de 10 años, precisamente por él y por el gobierno del Partido Popular. Ese mantra de que ahora es el momento de ir todos juntos contra el virus, apartando la crítica política, se rompe en mil pedazos con este nombramiento.