El verano trae consigo el calor, las vacaciones, el mar y… el cierre de camas en los hospitales madrileños.
Durante la época estival se cierran alas, pasillos, UVIS, servicios… Y estos cierres traen consigo un aumento de pacientes en urgencias en espera de cama. Los servicios de urgencia madrileños ya no solo están colapsados en los picos de gripe, por ejemplo, también lo están en verano a causa directa del cierre de camas.

La solución al problema

La solución que ha dado el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid para evitar el colapso de las urgencias, se parece mucho a la política del avestruz: ha dado orden de que los enfermos no puedan permanecer más de 24 horas en las salas de urgencias. En ese plazo de tiempo o son dados de alta o son ingresados.
Con el cierre de camas esta orden del señor Sánchez-Martos está provocando situaciones esperpénticas: en el Hospital 12 de Octubre una planta preparada para cerrarse ha tenido que abrirse a toda prisa. La planta sin limpiar, los enfermos amontonados en los pasillos conviviendo infecciosos con pacientes limpios; en concreto un paciente ingresado para una endarterectomía carotidea iba a ser colocado en la misma habitación que uno con una neumonía activa, con el peligro que esto supone.

Peligro para la salud

En la misma habitación en la que esperaba este paciente su cirugía se ingresó a otro con oclusión intestinal, patología que conlleva peligro de infección. Y en cuanto el personal, que hoy tenía que haber acudido a otros servicios, ha recibido orden de mantenerse en la planta que iba a ser cerrada. Esto supone que los servicios que iban a reforzar se quedan sin este refuerzo.
La respuesta de los profesionales no se ha hecho esperar: adjuntamos un comunicado de un médico de cirugía cardiovascular y el de los enfermeros de la planta. Son los profesionales los que mejor pueden explicar lo sucedido y las consecuencias que puede conllevar.
No se pueden hacer políticas de lavado de cara y no ir al fondo de la cuestión ya que las consecuencias las pagan las personas que están ingresadas, no se puede poner su salud en peligro.
Porque el problema sigue siendo el cierre masivo de camas en verano y la falta de personal en los hospitales madrileños, tanto en las plantas como en los servicios de urgencia. La consecuencia es una pérdida de la calidad asistencial que pone en peligro la salud y la recuperación de enfermos y enfermas y que sobresatura el trabajo de unas plantillas ya mermadas.
Las plantas no deben cerrarse.
Redacción


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