El personal de limpieza del hospital público reclama la productividad de 2012 y 2013 que la empresa Garbialdi se ha quedado.


El conflicto que sufre la plantilla de limpieza del Hospital Clínico San Carlos de Madrid hay que contarlo en lustros. El choque entre trabajadores y compañía tiene su origen en 2010 cuando el Gobierno de Esperanza Aguirre adjudicó este servicio por 22,5 millones de euros a la empresa Garbialdi. Hasta 2014, la compañía se encargó de esta labor; en este 2017, vuelve al centro hospitalario y con los mismos problemas laborales que en su anterior etapa.
“Nos ha declarado la guerra, le cogemos el guante y empezará nuestra defensa”. De esta manera, la plantilla de limpieza respondía en 2012 el incumplimiento del contrato que realizaba Garbialdi. Un mensaje que el personal complementó con huelgas y movilizaciones a lo largo de los años al ver que la empresa no cubría las jubilaciones ni las excedencias; mientras, el número de trabajadores iba reduciéndose, pese a lo firmado con la Comunidad de Madrid.
El inicio de huelgas, encierros y manifestaciones fue acompañado por la acción judicial. Los trabajadores, como recogió Público en 2013, denunciaron esta situación en el Juzgado de lo Social nº12 y ganaron el juicio. La sentencia obligaba a la empresa a cumplir el convenio. Nada cambió. De hecho, las prácticas de Garbialdi no se detuvieron.
Según ha relatado a ElBoletín.com Yolanda Valverde, delegada del Movimiento Asambleario de Trabajadores-as de Sanidad (MATS) en el Hospital Clínico San Carlos, la compañía, aparte de no cubrir el personal que no continuaba, daba problemas a la hora de cobrar las nóminas. Pese a que en el convenio se especificaba que tendría que pagar el sueldo antes de final de mes, Garbialdi lo hacía ya iniciado el siguiente mes.
El impago de la productividad
Sin embargo, uno de los puntos que volvió a encender a la plantilla fue la retención de parte de la nómina. La delegada de MATS en el centro denuncia cómo la empresa continúa adeudando a cada trabajador más de 600 euros en concepto de productividad. “El hospital pagó a la empresa la productividad de 2012 y 2013”, recuerda Valverde, pero Garbialdi no se la entregó a sus empleados, lo que provocó la vuelta a los tribunales.
Aun así, no es la única vuelta que ha vivido la empresa. Y es que a mediados de 2016, el Gobierno de Cristina Cifuentes sacó a concurso el servicio de limpieza de los centros de atención especializada del Servicio Madrileño de Salud en tres lotes. Uno de ellos tenía al Hospital Clínico San Carlos como protagonista. Después de que Clece se hiciese cargo del servicio desde 2014 hasta la nueva licitación, Garbialdi apareció de nuevo.
El pasado 30 de diciembre, el viceconsejero de Sanidad, Manuel Molina Muñoz, de acuerdo con la propuesta de la Mesa de Contratación, decidió adjudicar el segundo lote a Garbialdi por un total de 35,7 millones de euros durante los próximos 31 meses (55 con prórroga). Un contrato millonario que ganó la compañía por delante de Clece (las dos propuestas de la Mesa de Contratación) al contar con una puntación de 85,25 frente al 74,56.
Un conflicto que sigue abierto
Un nuevo aterrizaje en el que la Comunidad de Madrid ha obviado los problemas judiciales de la compañía con sus antiguos trabajadores y el historial que ha ido dejando en 2016 en otros territorios como en el País Vasco con huelgas en hospitales y universidades. Con la llegada de 2017, la incertidumbre y las movilizaciones en la plantilla han florecido. Según Valverde, Garbialdi “ha vuelto a hacer lo mismo con los sueldos”. “Pagan cuando les viene bien”, reprocha la delegada de MATS. “Es lo que hay”, les responde la empresa.
No obstante, el retorno de Garbialdi ha traído novedades al centro hospitalario: ahora son menos plantilla que en 2012. Sin ir más lejos, la plantilla de hombres encargado del trabajo más físico ha desaparecido, según Valverde en declaraciones a este digital. De hecho, las falsas promesas continúan a la orden del día: “La empresa se comprometió a ‘x’ empleados y se está incumpliendo”.
Y como la experiencia es un grado, las trabajadoras han decidido no pasar por alto las consecuencias de este incumplimiento de contrato. “El hospital está más sucio”, lamenta Valverde, pero algo ha cambiado a diferencia del escenario de 2012. Las profesionales, gracias a la comunicación interna, comunican a la dirección cuándo la falta de personal reporta problemas en la limpieza. Momento en el que el Clínico San Carlos, pese a que no se hace cargo del conflicto laboral y de exigir lo que se adeuda, toma cartas en el asunto (como ya hizo el Ayuntamiento de Vitoria): “El mes pasado el hospital multó con 17.000 euros a la empresa por la falta de plantilla”.
Mientras tanto, las limpiadoras han querido visibilizar el choque que tienen con la empresa: todas las mañanas se concentran en la puerta principal del hospital público en señal de protesta. Según desvela Valverde, las acciones pueden ir más allá para que se ponga sobre el papel el problema y la inacción de la dirección del Clínico San Carlos. La batalla judicial tampoco se ha reducido: el pago de la productividad de 2012 y 2013 sigue en juicio.
Algunos trabajadores han ganado este órdago judicial, pero, según la delegada de MATS, la compañía “se hace la sueca” y no abona la cantidad adeudada. La Comunidad de Madrid –adjudicando de nuevo el contrato- y la dirección –ignorando el conflicto- también adopta esa posición tan nórdica. “No entiendo por qué se le da a una empresa que tiene a los trabajadores en juicio”, se sorprende Valverde.
El Boletín