DESPEDIDA UNA DELEGADA SINDICAL DEL MOVIMIENTO ASAMBLEARIO DE L@S TRABAJADOR@S DE LA SANIDAD.

El lunes, 4 de noviembre de 2019, una nueva trabajadora del Hospital General de Villalba fue objeto de un despido disciplinario pretextando faltas graves y falta de compromiso con la empresa.
Siguiendo la estela de despidos en el centro a causa del conflicto laboral que enfrenta a trabajadores y a la dirección de la empresa concesionaria Quirón-Fresenius (multinacional alemana y gigante de la sanidad privada en nuestro país), una enfermera del bloque pediátrico recibió la carta del cese de sus funciones al finalizar el turno de noche que le correspondía.
Además de una trabajadora excepcional, se trata de una delegada sindical por el Movimiento Asambleario de l@s Trabajador@s de la Sanidad (MATS) desde la creación de la sección del Hospital General de Villalba. En junio de 2019 fue escogida por sus compañeros como representante de hospitalización para las negociaciones con la empresa y supone el tercer despido entre los trabajadores que se significaron en la defensa de los derechos de la plantilla.

Desde el Movimiento Asambleario de l@s Tabajador@s de la Sanidad condenamos estas acciones disciplinarias injustificadas que atentan de manera brutal contra la dignidad de l@s trabajador@s y el derecho a la actividad sindical. El modus operandi del grupo Quirón-Fresenius es una muestra innegable de las consecuencias de la privatización para los empleados, la constante vulneración de los derechos más básicos de los trabajadores y la intención por parte de la empresa quebrantar la unidad de la plantilla a través del terror. Además de un nuevo episodio de represión sin tapujos, se trata de un claro intento de bloquear la actividad sindical dentro de un centro donde el comité de empresa se ve impotente y amordazado por la empresa.

Llama poderosamente la atención la permisividad del gobierno ante este tipo de acciones de la multinacional alemana, financiada con nuestros impuestos. Esta política del miedo y maltrato laboral con el fin de que los profesionales aguanten la sobreexplotación, al fin y al cabo, repercute también de manera injusta en la calidad asistencial que ofrece el centro, afectando directamente a los pacientes.