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Era solo cuestión de tiempo que las personas de países occidentales que trabajan en contacto con enfermos infectados por el virus Ébola en los países africanos, que desde marzo declararon los primeros casos, acabasen infectándose por el mismo. Sólo este hecho ha provocado que saltase la noticia a primera página de todos los periódicos occidentales, las vidas que llevaba segando en África poco han importado.

Ante la gravedad de la situación el MATS manifiesta:

¿Por qué la decisión del Ministerio de Defensa, Exteriores y Sanidad de repatriar exclusivamente a un misionero infectado y una monja, cuando es probable que tal decisión conlleve la condena a muerte de la mayoría de las y los trabajadores sanitarios que han quedado en Guinea Cronakly?

¿Alguien puede asegurar que las infraestructuras y recursos humanos de los sistemas sanitarios de los países más afectados por el Ébola podrán hacer frente por sí solos a una epidemia de estas características? Hay que tener en cuenta que no sólo mueren porque no se haya encontrado un tratamiento específico, la mayoría de las muertes se producen por la imposibilidad de poner en práctica medidas de prevención y control de la infección. Así como ante los casos confirmados de la enfermedad llevar a cabo un aislamiento eficaz.

 La notificación de fallecimientos por la OMS alcanza a 932 personas de 1.711 infectados por el virus desde marzo. ¿Qué hace la OMS ante la gravedad de la situación en esos países? Prácticamente nada. ¿Qué están impulsando los llamados países desarrollados? Evacuar a algunos elegidos y poner controles en los aeropuertos.

En el caso de España se repatrian a dos personas mediante unos gastos desorbitados, cuando lo sensato -y factible económicamente – hubiera sido impulsar el refuerzo de las estructuras sanitarias y de salud pública de los países afectados, para que pudieran tratar correctamente al mayor número posible de personas infectadas o en peligro de contagio.

La rapidez por acondicionar el Hospital Carlos III para acoger al religioso contagiado contrasta dramáticamente con el cierre de este centro puntero en el tratamiento de enfermedades infecciosas hace menos de un año, y su transformación en Hospital de media estancia.

Esta decisión tomada por el PP madrileño formaba parte del “Plan Privatizador” puesto en marcha por el Consejero de Sanidad y contra el que luchó la Marea Blanca, consiguiendo que no se llevara a cabo la privatización de los 6 Nuevos  Hospitales ni de los 27 Centros de Salud, pero no consiguió frenar el desmantelamiento del Hospital Carlos III.

Esto supuso la pérdida de buena parte de unas instalaciones idóneas para hacer frente a estas situaciones, y de un personal sanitario capacitado y entrenado para la atención en casos de epidemias.

Ahora se ha tenido que recurrir de manera chapucera -lo que puede entrañar indudables riesgos para las y los profesionales que allí trabajen- a dar “cursillos” para que se conozca como actuar ante la llegada de un enfermo contagiado por el virus Ébola a un Hospital que han tenido que acondicionar a toda prisa. ¡Claro! no se ha podido rehabilitar al completo y hoy por hoy no cuenta con una UVI.

 A esto se suma el poco interés que desde el Ministerio de Sanidad se ha prestado a la salud pública y cómo algunas Consejerías de Sanidad han ido recortando presupuestos, servicios y redes de salud pública, un lamentable ejemplo es,  precisamente, la Comunidad de Madrid que en el año 2008 por decreto extinguió el Instituto de Salud Pública.

El virus se propaga en la comunidad mediante la transmisión de persona a persona, por contacto directo con órganos, sangre, secreciones, u otros líquidos corporales de personas infectadas, o por contacto indirecto con materiales contaminados por dichos líquidos. Por lo tanto, no cabría la alarma social ni la estigmatización de los enfermos siempre que se observen todas la medidas  aconsejadas de prevención, control y aislamiento de las personas infectadas o sospechosas de portar el virus.