El Colegio de Médicos de Segovia ha abierto expediente disciplinario a Mónica Lalanda, facultativo con contrato de guardias del Servicio de Urgencias del hospital de esa ciudad desde hace 8 años. Es la consecuencia de la denuncia interpuesta 4 meses antes por el propio Jefe de Servicio de Urgencias y una docena de compañeros ante el Colegio de Médicos, y por la cual ya se abrió un expediente informativo, ahora ya disciplinario, algo que supone en estos momentos el riesgo de inhabilitación profesional durante un año.

¿Por qué la denuncia del jefe de Mónica?. Una palabra puede responder a esta pregunta: miedo. Miedo a que la ciudadanía sepa la verdad. Esa verdad que Mónica describe en su blog, y que pone de manifiesto la lamentable situación de muchos hospitales de la red pública sanitaria de nuestro país: recortes económicos, empleo precario, mala calidad en el trabajo de los profesionales, etc.

El jefe de servicio de urgencias del Hospital de Segovia tiene miedo, pavor, a que esta realidad sea conocida en su entorno. Al fin y al cabo su cargo se apellida “de confianza” y teme dejar de serlo. También esta es una realidad cotidiana en el resto de hospitales públicos: los cargos directivos se nombran a dedo o de forma tal que la dirección del centro tiene la “sartén por el mango” para la decisión final.

Mónica se ha atrevido. Ha sido valiente y ha denunciado. Y el miedo a la verdad, a perder el sillón, a que la población deje de ser ignorante o conformista, origina esa reacción totalmente injusta. En diciembre de 2015, dos trabajadores del Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares perdieron su empleo por atreverse a denunciar la existencia de corrupción en su centro de trabajo. También aquí alguna poltrona podría haberse movido. En este caso, como en el de Mónica, los trabajadores tomaron la iniciativa, que fué censurada y castigada. Miedo a la verdad.

Estos trabajadores merecen todo el apoyo de quienes tenemos claro que la denuncia de la situación sanitaria es imprescindible para mejorarla. Pero no hay que olvidar a la población, verdadera destinataria de estos esfuerzos y del trabajo de profesionales sanitarios y no sanitarios que se trabajan día a día para mantener el nivel de calidad que la ciudadanía se merece. A ella deben dirigirse los esfuerzos de informar y de ofrecer soluciones. De informar precisamente a quienes al final son las víctimas de una política de Servicios Públicos  perversa e interesada. Informar, como derecho y como deber, es una excelente manera de defender a nuestra maltrecha Sanidad Pública.

Movimiento Asambleario de Trabajadores-as de Sanidad