-Y tú ¿Dónde trabajas?
-Trabajo en un hospital
-¿Qué eres? ¿Enfermera? ¿Médico? ¿TCAE?
– No, trabajo en la cocina.

Esta es una conversación que sucede habitualmente. Estamos seguros que se sentirán muy identificadas todas las personas que trabajan como personal no sanitario en los hospitales o en las residencias de personas mayores. Son pinches, cocineras, celadoras, administrativas, limpiadoras, gobernantas, personal de mantenimiento, de información,de lencería, TIGAS; Son también Personal Auxiliar de servicios, auxiliares de hostelería, de control e información, costureras, lavanderas.

Personas que cuando vienen mal dadas, como en esta pandemia, son las últimas en recibir los equipos de protección individual, pero tienen que exponerse igual que el personal sanitario. Quizás sin una formación ni entrenamiento adecuados, porque el catálogo de cursos para este tipo de plantilla es escaso, y el entrenamiento para la correcta utilización de los EPIs, absolutamente nulo.

Colectivos cuya labor es imprescindible, pero de prioridad no urgente para reponer sus bajas. Porque limpiar, pelar patatas, empujar una camilla,- “Lo hace cualquiera! Ya buscaremos por ahí”. Durante la epidemia del COVID19, se ha producido una saturación de los hospitales, pero no solo de los servicios sanitarios. En el hospital 12 de octubre, por ejemplo, se pasó de 900 comidas a 1400, en unos días. 500 comidas más con el mismo personal. O con menos, porque ser invisibles no inmuniza ante el virus y también se produjeron bajas.

La mayoría del personal de limpieza de los hospitales madrileños trabajan para empresas privadas, que solo entienden de resultados y que ni reponen, ni refuerzan sus plantillas, ni siquiera en una crisis como esta.

De la misma manera actúa la administración pública. En las residencias públicas de personas mayores, el trabajo de este personal se ha incrementado exponencialmente en relación a los positivos por covid19 y al carácter especialmente vulnerable de la población con la que trabajan. Tienen que limpiar e higienizar a fondo todas las instalaciones y superficies para evitar que sean un vector de contagio. No se ha reforzado la plantilla en consonancia, y actualmente solo se repone al personal que ha causado baja por el virus. Cualquier otra enfermedad o accidente común o profesional no es susceptible de reposición y el personal tiene que multiplicar su labor para que este virus no se propague entre residentes

Son gente con la que se negocia y especula, como es el caso de los hospitales públicos de gestión privada. La clase política que en su momento negoció la construcción de estos hospitales a las grandes constructoras, incrementando su coste un 300 %, también cedió la explotación de las contratas del personal no sanitario, imponiendo condiciones laborales draconianas a su personal y remuneraciones muy por debajo de las que tienen sus compañeras en el sector público.

No olvidamos la famosa ley 4/2012 de racionalización del gasto público, que declaraba a extinguir 26 categorías no sanitarias de nuestros hospitales, que inició un movimiento de rechazo contra la privatización de la sanidad y que fué un precursor de la Marea Blanca. En ese Gobierno del PP, estaban como presidenta Esperanza Aguirre, de vicepresidente Ignacio González y como consejero de Sanidad Fernández Lasquetty (Hoy consejero de Hacienda). En esas fechas atravesábamos una crisis profunda, que nos hicieron pagar, entre otras cosas, con recortes en los servicios sociosanitarios. La ley se consiguió anular al inicio del 2016, a través de movilizaciones y de presiones sociales al Gobierno de la CM.

Mucho nos tememos que, de nuevo, nos pretendan imponer los recortes en servicios públicos esenciales para afrontar esta nueva crisis. Debemos estar preparadas, organizadas y atentas para impedir cualquier atisbo de recorte que merme nuestras conquistas sociales.

Por último cabe reflexionar, cuando todo esto acabe, sobre el reforzamiento de los servicios públicos esenciales, entre ellos la sanidad y los servicios sociales. Una de las claves de esta potenciación debe de ser la desprivatización de los servicios no sanitarios en aquellos lugares donde esto suceda, el refuerzo de las plantillas no sanitarias y su debida formación y entrenamiento, equiparándolas a las condiciones y reconocimiento del personal sanitario.

 
 

-Y tú ¿Dónde trabajas?
-Trabajo en un hospital
-¿Qué eres? ¿Enfermera? ¿Médico? ¿TCAE?
– No, trabajo en la cocina.

Esta es una conversación que sucede habitualmente. Estamos seguros que se sentirán muy identificadas todas las personas que trabajan como personal no sanitario en los hospitales o en las residencias de personas mayores. Son pinches, cocineras, celadoras, administrativas, limpiadoras, gobernantas, personal de mantenimiento, de información,de lencería, TIGAS; Son también Personal Auxiliar de servicios, auxiliares de hostelería, de control e información, costureras, lavanderas.

Personas que cuando vienen mal dadas, como en esta pandemia, son las últimas en recibir los equipos de protección individual, pero tienen que exponerse igual que el personal sanitario. Quizás sin una formación ni entrenamiento adecuados, porque el catálogo de cursos para este tipo de plantilla es escaso, y el entrenamiento para la correcta utilización de los EPIs, absolutamente nulo.

Colectivos cuya labor es imprescindible, pero de prioridad no urgente para reponer sus bajas. Porque limpiar, pelar patatas, empujar una camilla,- “Lo hace cualquiera! Ya buscaremos por ahí”. Durante la epidemia del COVID19, se ha producido una saturación de los hospitales, pero no solo de los servicios sanitarios. En el hospital 12 de octubre, por ejemplo, se pasó de 900 comidas a 1400, en unos días. 500 comidas más con el mismo personal. O con menos, porque ser invisibles no inmuniza ante el virus y también se produjeron bajas.

La mayoría del personal de limpieza de los hospitales madrileños trabajan para empresas privadas, que solo entienden de resultados y que ni reponen, ni refuerzan sus plantillas, ni siquiera en una crisis como esta.

De la misma manera actúa la administración pública. En las residencias públicas de personas mayores, el trabajo de este personal se ha incrementado exponencialmente en relación a los positivos por covid19 y al carácter especialmente vulnerable de la población con la que trabajan. Tienen que limpiar e higienizar a fondo todas las instalaciones y superficies para evitar que sean un vector de contagio. No se ha reforzado la plantilla en consonancia, y actualmente solo se repone al personal que ha causado baja por el virus. Cualquier otra enfermedad o accidente común o profesional no es susceptible de reposición y el personal tiene que multiplicar su labor para que este virus no se propague entre residentes

Son gente con la que se negocia y especula, como es el caso de los hospitales públicos de gestión privada. La clase política que en su momento negoció la construcción de estos hospitales a las grandes constructoras, incrementando su coste un 300 %, también cedió la explotación de las contratas del personal no sanitario, imponiendo condiciones laborales draconianas a su personal y remuneraciones muy por debajo de las que tienen sus compañeras en el sector público.

No olvidamos la famosa ley 4/2012 de racionalización del gasto público, que declaraba a extinguir 26 categorías no sanitarias de nuestros hospitales, que inició un movimiento de rechazo contra la privatización de la sanidad y que fué un precursor de la Marea Blanca. En ese Gobierno del PP, estaban como presidenta Esperanza Aguirre, de vicepresidente Ignacio González y como consejero de Sanidad Fernández Lasquetty (Hoy consejero de Hacienda). En esas fechas atravesábamos una crisis profunda, que nos hicieron pagar, entre otras cosas, con recortes en los servicios sociosanitarios. La ley se consiguió anular al inicio del 2016, a través de movilizaciones y de presiones sociales al Gobierno de la CM.

Mucho nos tememos que, de nuevo, nos pretendan imponer los recortes en servicios públicos esenciales para afrontar esta nueva crisis. Debemos estar preparadas, organizadas y atentas para impedir cualquier atisbo de recorte que merme nuestras conquistas sociales.

Por último cabe reflexionar, cuando todo esto acabe, sobre el reforzamiento de los servicios públicos esenciales, entre ellos la sanidad y los servicios sociales. Una de las claves de esta potenciación debe de ser la desprivatización de los servicios no sanitarios en aquellos lugares donde esto suceda, el refuerzo de las plantillas no sanitarias y su debida formación y entrenamiento, equiparándolas a las condiciones y reconocimiento del personal sanitario.