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El nuevo gobierno de Cristina Cifuentes está intentando ofrecer una nueva imagen, más moderada, dialogante y aperturista, tanto a la sociedad como a los miles de profesionales de la sanidad pública madrileña. De momento introducirá cambios legislativos sobre los seis hospitales de gestión pública que intentaron privatizar en el 2012 y sobre la ley 4/2012 artículo 13 dos que ahondaba en la privatización del personal no sanitario y la extinción de las 26 categorías profesionales.

La experiencia de confrontación de los anteriores gobiernos pareciera que podría pasar a la historia. ¿Es así? ¿En realidad hay un cambio en la orientación política? ¿Se trata de un cambio de las líneas estratégicas o por el contrario simplemente en las formas? ¿Cambio de programa o de la política de comunicación hacia la opinión pública?

1.- El escenario después de las batallas

Desde noviembre del 2012 hasta, aproximadamente, el año 2013 se registraron las mayores movilizaciones y huelgas en contra de los recortes, las privatizaciones y los planes del gobierno de Ignacio González y su consejero Javier Lasquetty. Fruto de esas luchas se lograron detener aspectos fundamentales del llamado “plan de sostenibilidad” (privatizaciones de hospitales y centros de atención primaria, reconversión de La Princesa, etc); otros, sin embargo no se consiguieron como la privatización de la Lavandería, el Centro de Transfusión de sangre, los recortes salariales (sobre un 15%), de empleo (7.000 puestos de trabajo), la jornada laboral de 35 horas, etc.

Pese a los grandes recortes en gastos sociales, el aumento del desempleo, la corrupción generalizada y escenificada en la Gurtel y la Púnica; el PP volvió a ganar las elecciones en la Comunidad de Madrid y alcanzó el gobierno gracias a la colaboración del nuevo partido de la derecha: Ciudadanos.

No obstante, un cambio se había producido en relación a la situación anterior; el nuevo gobierno nacido del acuerdo PP y Ciudadanos es mucho más débil que los anteriores;  ya que la correlación de fuerzas en la Asamblea de Madrid ha cambiado. La irrupción de Podemos con 28 parlamentarios y el buen resultado obtenido por Angel Gabilondo como cartel del PSOE impidieron una nueva mayoría absoluta al estilo de Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre.

2.- Gobierno de Cifuentes: un cambio de fachada

La legislatura se inicia con discursos conciliadores y promesas vagas. No solo en materia de sanidad sino también en otros aspectos sociales y democráticos, dando a entender que el nuevo gobierno del PP, mucho más débil que los anteriores, necesita dialogar y llegar a acuerdos (sobre todo con su socio preferencial que es Ciudadanos). Unido a eso, el comienzo de su legislatura coincide con la convocatoria de las elecciones generales el 20D que está condicionando el discurso político y el quehacer diario del PP en todos los ámbitos del poder.

En ese sentido, Cristina Cifuentes, se ha ido forjando como una alumna aventajada. Pareciera la cara más amable del PP a nivel de todo el país.

Dentro de esta nueva estrategia de poder, el PP, traslada el consenso con Ciudadanos (vía parlamentaria), hacia el principal foco del viejo conflicto vivido entre el 2012 y 2013. Hacia la Marea Blanca. El nuevo consejero llama al diálogo a distintos agentes sociales como la Plataforma en defensa de los enfermos de hepatitis C,  la Mesa en defensa de la sanidad pública y, principalmente, a los sindicatos de la Mesa sectorial de la sanidad madrileña. Con promesas y varias concesiones, adopta la vieja máxima de “divide y vencerás”.

3.- Puedo prometer y prometo

Jesús Sánchez además de consejero, es un  hombre de relaciones públicas, su plan es conseguir el apoyo de los sindicatos para mantener las líneas maestras de la política sanitaria anterior. Para ello ha empezado dando algunos de los derechos laborares que se quitaron en el 2012: el 25% de la paga, días libres por antigüedad, etc. La mayoría de estas concesiones son parciales y no afectan a la totalidad de los trabajadores; y lo más importante: no hay ningún plan de retornar a los niveles de empleo anteriores al 2008 ( a nivel nacional se perdieron 40.000 puestos de trabajo en la sanidad pública), ni a la jornada laboral de 35 horas, ni derogar en su totalidad (es decir incluyendo el punto tres) de la ley por la que se privatizaban los servicios no sanitarios (artículo 13, dos puntos 1-2-3 de la ley 4/2012 del 4 de julio), ni de recuperar al sistema público la Lavandería de Mejorada o el Centro de Transfusión.

Sin embargo esta estrategia de poder, basada en el consenso sindical y de Ciudadanos, les está dando sus frutos. Por un lado “nos olvidamos” de los problemas que siguen ahí, por otro se crea una división interior en las fuerzas sociales que aglutinaron la Marea Blanca.

4.- Pero queda mucho aún por reivindicar

Los cambios gestuales que quiere introducir este gobierno, consensuados con Ciudadanos y los sindicatos de la Mesa sectorial, no afectan al fondo de las políticas privatizadoras llevadas a cabo por el PP desde hace décadas.

No pueden renunciar a las privatizaciones del sector sanitario público porque iría en contra de los intereses de las clases dominantes a las que representan; es decir, de los negocios de los grandes empresarios y corporaciones internacionales. En ese sentido podrán cambiar las formas o los ritmos de sus planes pero nunca su estrategia de expropiar lo público para hacer más rico y fuerte este capitalismo de amiguetes que  ha servido de modelo durante años. La mejor prueba  se ha visto con la propuesta de derogación de los puntos 1 y 2 del artículo 13 dos de la 4/2012 manteniendo intacto el punto 3 que se refiere a la “externalización progresiva de los servicios no sanitarios”.

Tampoco pueden ni quieren renunciar a la explotación laboral ya que está en el ADN del proyecto del PP. Intentarán fragmentar al colectivo sanitario mediante concesiones a unos y nada a otros. Congraciándose con un sector de médicos o enfermeras para golpear sobre otros sectores no sanitarios, precariado sanitario de todas las categorías, etc.

Por eso, es un enorme error abandonar las posiciones de resistencia y lucha. La Marea Blanca ya no existe como un gran movimiento social; pero quedan colectivos, plataformas, sindicatos y personas que siguen portando las reivindicaciones y formas de auto-organización que se hicieron fuertes en el anterior período.

Basta recordar lo que lo que aún está en manos de empresas y subcontratas privadas: hospitales en la red pública pero con capital o gestión privada,  decenas de empresas vinculadas a las corporaciones o constructoras que se han hecho con el mantenimiento, las limpiezas, las cafeterías, las cocinas o la lavandería sanitarias; el chorreo constante de derivaciones de pruebas, intervenciones y consultas hacia centros privados que no dejan de aumentar todos los años (y en los presupuestos); el control de la industria farmacéutica y la injerencia de todos los lobbys al servicio de los laboratorios; la anulación de toda la legislación regresiva en materia de privatizaciones o universalidad (como la 15/97, la 16/2012); la recuperación de las plantillas en  los niveles anteriores al estallido de la recesión y los ajustes del 2010; la recuperación de todos los derechos laborales como  las 35 horas y el poder adquisitivo; y por supuesto, acabar con la sobreexplotación laboral que vienen padeciendo miles de trabajadores del SERMAS que, no siendo fijos, sufren las consecuencias de los contratos eventuales, la precarización, la inexistencia de derechos sobre conciliación familiar y servicio…

En definitiva recuperar un modelo de sanidad pública, universal y de calidad, tanto en el servicio como en el empleo.

Jesús Jaén  miembro del MATS