Con la llegada del verano el Hospital Clínico, como en años anteriores, se convertirá en un hospital fantasma, reproduciéndose la misma situación de abandono de años anteriores.
Está previsto el cierre de 337 camas de las 861 actualmente instaladas y, lo más preocupante, es que muchas se cerrarán de forma definitiva, como ya ocurrió en el 2015. Desde entonces el hospital tiene 104 camas menos.
Estas previsiones de cierre auguran una mayor saturación de las urgencias, especialmente la Sala de Agudos, habitualmente colapsada, que tendrá que triplicar su capacidad, con pacientes hacinados en los pasillos que, por mucho esfuerzo que hagan los profesionales, tienen que esperar mucho tiempo, incluso días, para ser atendidos o ingresados en planta. Cuando la situación sea ya límite abrirán algunas camas (sin contratar personal), donde ingresarán pacientes de distintas especialidades.
También se producirá el cierre de quirófanos: durante la primera quincena de julio y la segunda de septiembre por la tarde funcionarán el 50%, cerrándose en su totalidad durante el mes de agosto. Esto, sumado a las intervenciones que tendrán que suspenderse por falta de camas de UCI, supondrá el aumento de las listas de espera.
El número de pacientes oncológicos se ha visto incrementado, pero no se abrirá ninguna de las 16 camas del Servicio de Oncología que llevan cerradas más de 5 años.
El Hospital de Día Hematológico solo funcionará por la mañana desde el 16 de julio al 15 de septiembre, atendiéndose a los pacientes en el Hospital de Día Oncológico. A pesar de no tener bola de cristal, predecimos que se repetirá la misma situación del verano pasado, que obligó a los pacientes a desplazarse varios días al hospital para recibir su tratamiento.
La Unidad de Ginecología se cerrará los meses de agosto y septiembre, y las pacientes ingresarán en la Unidad de Obstetricia.
Respecto a la contratación para cubrir las vacaciones de los profesionales (a propuesta de los jefes de Servicio), este verano no se contratarán terapeutas ocupacionales, técnicos de laboratorio, peones y, quizás, tampoco médicos; también se ha reducido la contratación de técnicos de radioterapia, administrativos, mecánicos y, como en años precedentes, no se contratará personal de lavandería. A una plantilla insuficiente desde hace años hay que sumar la escasez de sustituciones durante el verano.
El cierre de camas, quirófanos y consultas por falta de personal conllevará el aumento de listas de espera para consultas especializadas, pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas. Para agilizar esas listas muchas de estas pruebas e intervenciones se realizarán en clínicas privadas a un coste mucho más elevado que si se hubiesen hecho en el propio centro, lo que supondrá un despilfarro de dinero público para el beneficio de empresas privadas.
La Dirección del Hospital defiende una asistencia sanitaria al menor coste posible. Para ello apuesta por la Hospitalización a Domicilio y la reducción de la estancia media de los pacientes hospitalizados, sin importarle que muchas de esas altas sean precipitadas y supongan reingresos al día siguiente. Hay días que se producen más de 20 de estos reingresos. Este es un modelo asistencial que permite ahorrar, sobre todo en gastos de personal, pero a costa de poner en riesgo la salud de los pacientes por no recibir una atención sanitaria de calidad.
Si esta dirección continua aplicando esta política, donde lo que prima es el ahorro para recibir compensaciones millonarias en productividad variable (202.181 euros el año pasado), es responsable directo del desmantelamiento progresivo del Hospital.
Si de verdad esta Dirección estuviese en contra de la privatización, como manifiesta, debería plantearse como retos la contratación de plantilla suficiente, la apertura de todas las camas instaladas y la mejora continua de las instalaciones del Hospital.
Mats

Movimiento Asambleario de Trabajadoras y Trabajadores de Sanidad

Sección Sindical del Hospital Clínico San Carlos