HOY SALIMOS EN LA TELE… PERO EN LA ZONA DEL DESASTRE

Hasta hace poco, las imágenes de Siria, de los campos de refugiados, de los que quieren saltar la valla, e incluso la de los chinos con sus mascarillas eran para muchas y muchos de nosotros imágenes de los arrabales del capitalismo o de regímenes que tienen poco aprecio por las personas; problemas de los desheredados de la tierra. Aquí, en nuestro país, la desigualdad, la pobreza infantil, los desahucios, nos parecían fenómenos deleznables, producto de la desigualdad y la injusticia, pero minoritarios. Las catástrofes y las desgracias masivas eran algo que no nos podía pasar a la gente de este país. Parecía realista eso de que el capitalismo es el sistema menos malo posible.

El covid-19 ha cambiado todo eso. Hemos pasado de la zona de confort a jugar a la ruleta rusa. Se acabó la seguridad individual y la de nuestro modelo social. De pronto, cualquiera puede infectar o ser infectado. Podemos morir o matar a quien más queremos; si enfermamos no sabemos lo que encontraremos en los hospitales; los empleos están en el aire, desconfiamos del mensaje de las instituciones y de sus utilidad; las creencias que teníamos se tambalean. 

DE LA PREPOTENCIA A LA IMPOTENCIA

Súbitamente, vemos que el capitalismo tal como lo conocemos facilita la propagación de una enfermedad, que para muchos no tiene ni tendrá cura. La exhibición tecnológica de la que presumen los voceros del capitalismo se muestra impotente ante este virus. Pronto se encontrará la vacuna, nos aseguran, pero ¿después de cuántas muertes prematuras; después de cuánto sufrimiento y miedo?

En la cúspide de las capacidades productivas, no hay mascarillas, ni batas adecuadas. Los expertos en cuyas manos dejamos el combate con los riesgos, cambian los protocolos de un día para otro y descubrimos que no es por error sino para justificar la escasez y cubrir las espaldas de los responsables de las mismas. Dejando sin protección a cientos de miles de trabajadoras y trabajadores de los sectores sociasanitarios y de otras actividades.

El sistema sanitario público, empieza a ser un amortiguador débil, a punto de saturarse. Y comprendemos el daño que han hecho los recortes y cómo han aumentado la exposición a la muerte. Y odiamos a los gobernantes del PP que tanto nos han robado, porque sabemos que las rebajas presupuestarias y las privatizaciones no eran una imposición de las circunstancias sino una opción inmoral al servicio de la clase alta y sus negocios.

En medio de la crisis, de los discursos y mientras oímos que EsteVirusLoParamosUnidos NadieSeQuedaráAtrás y QuedateEnCasa, comprobamos las marcas de clase en un sinnúmero de hechos. Entre los anecdóticos, a la vez que nauseabundos, encontramos comentarios con los de Jaime Peñafiel, habitual pelota de la monarquía: “Creo que una persona del servicio nos ha contagiado” (20 minutos, 26/3/2020). Otros, igual de obscenos, pero de mayores consecuencias, han corrido a cargo del débil “gobierno de progreso”. Se refieren a obligación de salir de casa porque multitud de empresas obligan a ello y por no tener un sueldo fijo. A aquellas y aquellos, que si se infectan no tendrán habitaciones para aislarse, se les ha obligado a salir cada día a la calle, porque el Gobierno, al que muchas y muchos de estos votaron ha tardado 15 días en sacar un decreto sobre Servicios Esenciales y aún no ha sido capaz de sacar una Renta Básica para quienes no tienen ingresos.

La salvación tampoco parece que vendrá de Europa. El gobierno holandés y alemán sin importarles las formas declaran a los cuatro vientos que esta Unión Europea es la Unión de los prestamistas, que anteponen la usura a la vida.

AUTOORGANIZACIÓN, SOLIDARIDAD, HUMANIDAD

Frente a la bancarrota del sistema “menos malo posible”, a la nulidad de “la mano invisible del mercado” y a los límites y deficiencias del Estado y la Unión Europea, empiezan a aparecer las relaciones humanas, el valor de lo público y lo colectivo, la solidaridad, la ayuda mutua, y la autoorganización. Por ahí viene la solución. Afortunadamente.

 
Javier Cordón, miembro del Mats.