Hace unos días publicamos la primera parte de la conversación que tuvimos con Justa Montero. Hoy, 7 de marzo, víspera de una huelga sin precedentes, publicamos la segunda parte. Mañana mujeres de todo el mundo pararemos en todos los ámbitos y saldremos a la calle en una manifestación que esperemos desborde las calles de nuestras ciudades.

Nos gustaría que las movilizaciones del 8M fuesen un punto de inflexión, que marcasen un antes y un después en la lucha por los derechos de las mujeres. Ahora somos muchas. Hace 40 no eran tantas. Justa ha vivido toda la historia del movimiento feminista y es lo que le da una visión de conjunto y de futuro privilegiada.

 

 
– P.: Una ley que está completamente vacía de contenido es la de Violencia de Género, en primer lugar, por lo que parte de la sociedad está comenzando a entender por violencia sexual y porque después de tantos años de aplicación sigue habiendo un sentimiento de culpa tremendo en las mujeres que han sido agredidas y una permisividad oculta, no tan explícita, hacia los delitos sexuales. Lo que sucedió en los San Fermines, la famosa “Manada”, es un escándalo.
– J.: La ley de violencia de género fue un paso adelante en el reconocimiento de la violencia de la pareja y ex pareja contra la mujer, pero era una ley que no contemplaba el resto de violencias machistas. Creó confusión porque al identificar los malos tratos de las parejas con “violencia de género”, se invisibilizó las agresiones sexuales y las violaciones, por ejemplo. Además hacía de la denuncia de la mujer un requisito obligado para que pudiera tener acceso a los servicios y recursos, lo que es un problema que ya señalaron muchos grupos feministas.
El pacto de Estado que se aprobó recientemente en el Congreso, es un pacto que está muy por detrás de lo que la situación de las mujeres víctimas de violencias machistas requiere. Además, las pocas medidas que se recogen en este Pacto están vacías porque no hay presupuesto para desarrollarlas. Si presentaba ya muchas limitaciones, ahora es que está congelado, paralizado. Además vuelve a dejar fuera otras formas de violencias machistas: el acoso, los abusos, las violaciones. Pero, A todo esto añádele que están ahogando a los ayuntamientos que son los que tienen competencias en servicios sociales.
Respecto a lo que planteas sobre la violencia sexual, el juicio a los violadores “de la manada”,  ha sido tremendo, pero ha sido un revulsivo. Se cuestionó la palabra de la mujer, haciendo todo un proceso público a través de los medios de comunicación de culpabilización de la mujer que había sido violada, que provocó una reacción espontánea e inmediata de las mujeres. Porque no solo cuestionaron su palabra, cuestionaron su forma de vida, sometieron a examen lo que hacía, antes y después de la violación.  Y se tomaron las calles para decir bien alto “yo si te creo” y creo que se consiguió cambiar la opinión de la sociedad.
– P.: Una mayoría alarmante de adolescentes, en la intimidad, reconoce haber sufrido abusos sexuales, sobre todo por parte de conocidos que las agreden y ni siquiera ellas son conscientes en ese momento del grado de agresión al que están siendo sometidas. Algo sigue fallando en la educación.

– J.: Si, nos encontramos con la falsa igualdad. Esa idea de que chicas y chicos viven como iguales, no hay ningún problema hasta que la chica es consciente de que la están acosando. Y esto se acompaña del  mito del amor romántico, que hace que las relaciones entre adolescentes se basen en la aceptación de cierto nivel de dependencia, del amor sin concesiones, de mitificar lo que es la relación afectiva entre los chicos y las chicas, la permisividad hacia los celos y el control sutil que ejercen los adolescentes de las citas, los móviles, la forma de vestir y las relaciones de la chica.
La educación en las escuelas es fundamental, por eso es tan escandaloso que en la actualidad y desde que entró en vigor la LOMCE  no esté incluido en el currículo escolar una asignatura de educación en igualdad, educación afectivo-sexual. Hay toda una generación que está pasando por todas las etapas educativas sin recibir educación afectivosexual de ningún tipo ,ni formación en igualdad.
-P.: Nosotras ya somos mayores pero seguimos viendo, por lo menos yo, en el ambiente laboral, con los compañeros de trabajo, actitudes que quizá no se puedan tildar de acoso pero sí que son claramente una intromisión en tu espacio, que se producen por el hecho de ser mujeres y que son realmente ofensivas.
– J.: Hay una idea de masculinidad que sigue siendo dominante y que se basa en los valores machistas, del varón que domina, que ocupa el espacio público, que cree que tiene derechos sobre la mujer. Y sigue interiorizado en el comportamiento de muchos hombres, no todos, porque también ha habido cambios entre algunos hombres, pero sí en la mayoría.
Si no sería imposible el número de mujeres asesinadas y el de agresiones sexuales. ¿Por qué es posible esto? Pues porque hay impunidad social. Si todo el mundo que dice que está en contra realmente lo estuviera, sería imposible que se continuase produciendo tanta violencia contra las mujeres.
– P.: La primera vez que leí la palabra feminazi me quedé un poco contrariada: llamar nazi a un movimiento que quiere eliminar diferencias es muy fuerte. En ciertos sectores ¿se considera al feminismo como una agresión?
– J.: Unos se sienten interpelados pero otros lo viven como una amenaza y una agresión a su masculinidad. Hay una cosa muy interesante que dice una mujer argentina, Rita Segato, que plantea que en muchos casos las violaciones (y el caso de Pamplona es clarísimo) se hacen no solamente para demostrar a esa mujer que tú la puedes dominar, sino que lo afirmas con otros hombres. Afirman su masculinidad y su legitimidad como machos.
Cuando hablamos de que la violencia machista es brutalidad para la vida de miles de mujeres estamos hablando de todo esto. No solo las mujeres asesinadas, que es lo más terrorífico, es lo que viven las mujeres que van a los institutos, a la universidad, a trabajar… Y fíjate que ahora en relación al acoso sexual está saliendo la punta del iceberg: salen las artistas, las mujeres del teatro… Pero ¿alguien habla del acoso de las empleadas del hogar o de las inmigrantes? Hay que profundizar porque quedarnos solo en lo que sucede a las mujeres con un estatus determinado también hay un sesgo de clase.

– P.: ¿Es posible luchar contra este sistema, contra el capitalismo, sin luchar por el fin del patriarcado?

– J.: Es imposible. Una cosa justifica a la otra. El hecho de que el patriarcado asigne a las mujeres la responsabilidad de los cuidados tiene implicaciones en el ámbito laboral, sirve para “legitimar” que tengan peores condiciones laborales, porque son quienes cogen las bajas para cuidados, las que cogen los permisos…
El sistema capitalista y patriarcal en el contexto neoliberal actual supone no considerar a las personas como sujetos y, por tanto, se niega el derecho a las mujeres a decidir en todos los aspectos. El derecho a decidir sobre nuestros proyectos de vida porque te los recortan en el ámbito laboral, en el ámbito de la maternidad, de la sexualidad, de tu identidad… Al final ¿cuál es la consideración de persona y de ciudadana una mujer dentro del capitalismo patriarcal?
Si alguien tenía alguna duda sobre la relación entre capitalismo y patriarcado, la crisis sistémica que llevamos viviendo todos estos años ha dejado clarísimo que cualquier planteamiento de transformación radical de la sociedad tiene que estar imbricado y articulado con todas las desigualdades que genera este sistema, y son desigualdades de clase, son desigualdades de género, derivadas de la situación migratoria, de la opción sexual o la identidad de género.
Es un momento en que el propio sistema nos ha dejado muy claro que para luchar contra él hay que articular las luchas contra todas las desigualdades. Y en un cambio social real no puede tener cabida a ninguna de ellas.

Yo abogo por ese tipo de feminismo inclusivo, integrador, que intenta articular las diferentes desigualdades y discriminaciones de las mujeres porque hay muchas y muy variadas y no a todas nos afectan las mismas ni de la misma forma, un feminismo con redes de apoyo colectivas y pensar en cómo organizarnos de una forma más comunitaria para combatir este individualismo atroz
y para poder atajar todos estos cortes que pone el sistema para que puedas tener una vida digna.
En realidad, todas son una misma lucha.
Un ejemplo de lo que hablábamos al principio sobre capitalismo y patriarcado, es cómo se ha mitificado una maternidad que para muchas mujeres, que la desean, es una carrera de obstáculos porque tienes problemas para tener trabajos asalariados, porque no lo puedes hacer compatible con la jornada laboral, porque no hay corresponsabilidad… Por eso también es importante, y yo abogo por ello, crear un feminismo con redes de apoyo colectivas y pensar en cómo organizarnos de una forma más comunitaria para combatir este individualismo atroz y para poder atajar todos estos cortes que pone el sistema para que puedas tener tu proyecto de vida.
– P.: ¿Cómo ves el futuro?
– J.: Por un lado va a ser duro y difícil para todas y para todos porque estamos instalados en el neoliberalismo más feroz, pero por otro lado veo que la única forma que tenemos de resistir e intentar confrontar al sistema es mediante la movilización social.  Desde este punto de vista soy optimista, hay un nivel de respuesta importantísimo de movilización en la calle, de organización y eso es la premisa básica.
El proceso que nos lleva a la huelga feminista del 8 de Marzo es una movilización feminista de gran calado. Y es esperanzador.


Ver la primera parte de la entrevista