Hoy hace exactamente 48 horas que llevo en casa sin salir desde que comenzó todo esto.
No es que me esté saltando la cuarentena, es lo que tiene ser enfermera y estar de baja.
Ayer me despertó una llamada que confirmaba lo que en cierta manera ya sabía, había dado positivo en COVID -19. Quién sabe, quizá sea una de esas profesionales que tenga que volver a la guerra en una semana, como están diciendo ya en algunos medios.
Y sí, digo a la guerra, porque es a donde vamos a trabajar todos los días.
Trabajo en el servicio de Urgencias de un gran hospital de la Comunidad de Madrid, y como profesional sanitario, como enfermera, jamás en mi vida profesional me he tenido que enfrentar a algo tan duro como esto.
Es muy duro, muy duro, tener que estar en la primer línea y no saber ni cómo debes actuar porque nadie en ningún momento te ha explicado cómo hay que proceder. Nadie te ha formado para ponerte un EPI correctamente. Protocolos diferentes en cada unidad, protocolos que cambian de un día para otro, material insuficiente, personal insuficiente, cambio de circuito de trabajo prácticamente a diario y todo esto sumándole tener que atender a una media de 30 pacientes tú sola, con un EPI que no sabes si es el adecuado e “improvisar ” sobre la marcha.
Si se pudiera definir este periodo con una palabra sería esa: “ improvisación” es todo lo que hemos visto a diario en los hospitales madrileños, decisiones mal tomadas y a destiempo, pero que supongo que son fáciles de tomar desde un despacho, sin ponerse un EPI durante 7 horas, sin tener que sudar, sin estar sin comer horas y horas ni viendo como la gente se muere a tu alrededor porque no llegas . Y es así: no llegas a todo.
Los primeros días, me iba a casa hecha una mierda, y como yo, sé que el resto de los compañeros, por llevar sobre tus hombros tanta responsabilidad, tanta impotencia, tanto sinsentido, tanto cansancio y a la vez intentar no infectarte, intentar no infectar a tu familia… Ya os lo puedo decir: ha sido y es, realmente agotador.
Yo me he sentido como una verdadera montaña rusa estos días. Días en los que me levantaba mal y me acostaba aún peor, días en los que hacías “algo un poco más humano” por un paciente y te volvías a sentir en cierta manera enfermera y días en los que intentabas mirar a otro lado porque ya no te quedaba hueco para tanto sufrimiento.
Hablo de montaña rusa emocional, porque nadie nos ha preparado para enfrentarnos a esto, y nos hemos visto completamente olvidados y desamparados por todos, por políticos, por el gobierno, por nuestra comunidad autónoma, por la dirección de cada hospital. Como digo, supongo que es muy fácil tomar decisiones en un despacho, es muy fácil organizar una batalla sin haber estado nunca en un campo de batalla, y es muy fácil mandar a la guerra a unos soldados sabiendo que no disponen de una armadura segura…  Así nos hemos sentido todos desde que comenzó este calvario.
Hubo momentos en los que pensé que me volvería loca o que, si no caía por “el bicho”, caería por agotamiento físico y/o mental, dejé de ver la tele, me dediqué a trabajar, a intentar dar lo mejor de mí y descansar en mis ratos libres. En esos ratos, era imposible desconectar, así que empecé a escribir cómo me sentía, porque es difícil de explicar esto a tu familia, a tus amigos, a gente que no lo esta viviendo en primera persona a diario. Sin el apoyo de los compañeros creo que no quedaría ningún enfermero cuerdo.
Y no me malinterpretéis, me considero una persona optimista, luchadora y resiliente, pero había días que no encontraba las fuerzas para enfrentarme a otro turno. He trabajado toda mi vida en urgencias, sé lo que es trabajar a destajo, pero esto era y es otra cosa. De verdad, a día de hoy me sigo preguntado ¿cómo hemos podido llegar hasta aquí así?
Nunca me he sentido una heroína , siempre he amado mi profesión. Una profesión en la que “humanizar” (esa palabra que tanto se nos ha olvidado estos días) es el centro de nuestro trabajo y nos hace únicas. Pero ahora, desde casa, os quiero dar las GRACIAS a todos, porque nunca he estado mas orgullosa de una profesión.
Esto pasará, todos lo sabemos y seguramente se olviden de lo que hicimos, pero yo no. GRACIAS  a todos mis compañeros que alguna vez han currado conmigo y a los que no conoceré nunca, GRACIAS porque si estáis leyendo esto es que también os habéis montado en esta montaña rusa que nos ha tocado vivir, y no sabéis cuando vais a poder bajar.
Yo me he tenido que bajar, y ahora os apoyo desde el otro lado. Me he tenido que bajar por la exposición diaria que vivimos, por no tener EPIs adecuados, porque he dado positivo en COVID-19 como tantos profesionales en este país. Y no quiero preguntarme cúando o cómo ha sido, solo quiero centrarme en cuidar de mí, eso que también se nos ha olvidado tanto en estos días. Cuidaos y ánimo.
ÁNIMO A TOD@S 
Gracias por leerme.
Belén V.