hormigaEsta es la historia de una comunidad de hormigas que hallaron su paraíso en el Servicio de Reanimación del H. U. 12 de Octu-bre. Servicio éste lleno de ambrosía para estos organizados y currantes insectos. Polvo, pelusas, agujeros por doquier, tube-rías a ras de suelo, motores “calientes” de antiquísimos instru-mentos médicos,…el Edén. Una pega tan sólo podían poner es-tos inteligentes insectos, los profesionales que allí trabajan, no les dejaban en serena tranquilidad. Para estos seres tan inde-fensos ver que los jefes y directivos de dichos profesionales no eran, son ni serán tan inteligentes e instruidos como las hormigas dirigentes de su colonia, las man-tenía tranquilas y a sus anchas en su paraíso. Medidas inútiles por aquí y por allá, medidas tomadas por zánganos presuntuosos, no iban a desterrarlas.
Es así como se expresaban, las hormigas, en sus charlas entorno a los respiradores
conectados a los pacientes cual foro romano de discusión. Y aseveraban que si en su organización sus dirigentes fuesen tan inútiles e inoperantes, hubiesen dimi-tido para evitar ser expulsados de la colonia con la vergüenza dibujada en sus caras. Pasado el tiempo y mientras los zánganos discutían, sin sentido, las medi-das a tomar, las hormigas reían, reían y reían. Pero una ola de afecto hacía los profesionales, que allí, ejercían sus funciones de cuidado y atención a los pacientes, a pesar de todas las deficiencias técnico ambientales con las que contaban, se fue apoderando de sus pequeñitos corazones.zangano
Verlos trabajar en esas peno-sas condiciones mientras ellas eran tan sumamente felices en su paraíso, les causaba una sensación no de culpa sino de amistad. Ser testigos presenciales del cambio continuo de los pacientes de un box a otro -parecieran que jugasen al tetris- y tener que soportar la prepotencia e inoperancia de sus jefes “los zánganos” hicieron que se pensaran su traslado a otro lugar. Y así ocurrió,
como en tantas y tantas ocasiones, la amistad y el compañerismo entre dos espe-cies no muy diferentes dio por finalizado el problema. O quizás…. aplazado. Pero claro está , los zánganos, como no podía ser de otra manera, se colocaron las medallas, que para eso si son lo suficientemente listos.
MORALEJA:
Es más que evidente que de todo se aprende pero esta lección la hemos vivido en muchas ocasiones por consentir tener “zánganos” en puestos directivos. Como decían las hormigas en sus tertulias, que no nosotros….aunque lo pensemos.
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