La huelga de trabajadores de Deliveroo que tuvo lugar en Londres durante el verano de 2016 fue la primera señal de que los trabajadores de las plataformas de reparto de comida a domicilio son capaces de llevar a cabo acciones colectivas. La huelga pasó de Deliveroo a UberEats y luego se extendió por todo el Reino Unido. Un año más tarde, la lucha ha traspasado las fronteras británicas y los trabajadores de la plataforma de reparto de comida a domicilio han ido a la huelga en más de diez ciudades del Reino Unido, Italia, Francia, España y Alemania.
Su lucha ha resultado por igual en victorias y en serios reveses, pero la realidad sigue siendo que un movimiento transnacional de personas en empleos precarios ha surgido a partir de lo que parecía ser la menos probable de las circunstancias. Los trabajadores supuestamente débiles e impotentes han propagado su antagonismo hacia el capital más allá de las fronteras nacionales mediante acciones militantes y sin mediadores. Esta difusión transnacional de la lucha es un ejemplo de cómo la cambiante composición de la clase trabajadora puede proporcionar nuevas oportunidades, al tiempo que derrumba viejas certitudes.
Todo empezó en el Reino Unido
El movimiento del Reino Unido comenzó cuando se informó a los trabajadores de Deliveroo de Londres de que sus contratos pasarían de contemplar un sueldo por hora (7£), más un plus por envío (1£), a un sistema de trabajo a destajo (3, 75£ por reparto). Redes informales en siete zonas de reparto diferentes reaccionaron rápidamente con movilizaciones y cientos de repartidores fueron a la huelga en el transcurso de una semana. Esta acción obligó a la compañía a permitir que los repartidores en huelga pudieran elegir la estructura de pagos y sentó las bases para los futuros litigios.
Después de que la ola inicial de movilizaciones en Londres se hubiera disipado, dos sindicatos se involucraron para organizarse con los repartidores. El sindicato de Trabajadores Independientes de Gran Bretaña (IWGB, por sus siglas en inglés), un pequeño sindicato disidente formado en 2013, comenzó a organizarse con los trabajadores en Camden, el epicentro de las huelgas de verano en Londres, y el sindicato Trabajadores Industriales del Mundo (IWW, por sus siglas en inglés) cooperó con los trabajadores de todo el país, pero sobre todo con los de Bristol y Leeds. También comenzó a elaborarse el Rebel Roo, un boletín autoorganizado de trabajadores de Deliveroo, con el apoyo del grupo político Plan C.

Cada mes que pasaba crecía la organización y la acción fuera de Londres. Los formadores a turnos fueron a la huelga en Bristol y ganaron, a esto siguió la organización laboral y la huelga de Brighton a causa de los bajos salarios, y más tarde comenzó el esfuerzo organizativo en Leeds. En febrero, la circulación de Rebel Roo alcanzaba ya los 1.500 ejemplares mensuales (un 10% de la plantilla nacional aproximadamente) y los repartidores se estaban empezando a organizar en ciudades tan social y políticamente diversas como Bath, Middlesbrough, Liverpool, Portsmouth, Manchester y Glasgow. Los sectores clave del movimiento se reunieron a finales de febrero en Londres para conversar en la plataforma por una huelga social transnacional y el movimiento parecía estar alcanzando un punto crítico.

Cuando siete trabajadores de Leeds sufrieron un trato discriminatorio, el sindicato IWW quiso convocar una huelga nacional, pero otras ciudades se mostraron dubitativas. Estas dudas coincidieron con una caída del ímpetu en el ámbito nacional. La lucha en Leeds y Brighton consiguió victorias importantes, pero fracasó a la hora de expandirse a nivel nacional. Los trabajadores discriminados de Leeds fueron readmitidos y el supervisor que los había discriminado fue despedido; en Brighton, los trabajadores consiguieron que se congelaran las contrataciones, pero el movimiento en su conjunto perdió fuerza. En Brighton, los repartidores siguieron adelante y formaron una coalición con otros trabajadores en situación precaria, lo que culminó en la manifestación Precarious Mayday. No obstante, a pesar de todos estos avances positivos, el ímpetu había desaparecido.

Deliveroo contraatacó con grandes concesiones en zonas concretas, en las que decidió aumentar la media salarial, aunque las subidas se realizaron a través del oscuro sistema de distribución de la aplicación

Deliveroo contraatacó con grandes concesiones en zonas concretas, en las que decidió aumentar la media salarial, aunque las subidas se realizaron a través del oscuro sistema de distribución de la aplicación en lugar de hacerlo mediante modificaciones contractuales. De forma paulatina, las zonas más organizadas del Reino Unido comenzaron a caer en una cierta inactividad. Al disminuir la acción de los trabajadores, el sindicato IWGB frenó la vía jurídica que había iniciado para conseguir invalidar el estatus de «contratista independiente» que permitía a Deliveroo no contraer obligaciones contractuales con sus empleados. No obstante, esta vía ha seguido adelante y ha recibido el apoyo del líder del ala izquierda del partido laborista.

El movimiento se extiende

Tras la huelga de Londres, la organización de los trabajadores se contagió. De repente, trabajadores en diversos países de Europa comenzaron a llevar a cabo acciones de protesta. Turín fue testigo de las primeras movilizaciones de los repartidores de Foodora en Italia en octubre de 2016. Cerca de la mitad de la plantilla de 100 trabajadores acudió a la huelga cuando la compañía intentó cambiar su método de pago y pasar de pagar por hora (5, 40€ la hora) a pagar a destajo (2, 70€ por reparto). Convocaron una huelga de masa crítica junto a otros movimientos sociales y circularon alrededor de la ciudad. Las demandas del movimiento se centraban en los costes (datos, bicis), la paridad salarial por hora con Milán y los derechos laborales como bajas y vacaciones remuneradas. La demanda general sobre el estatus laboral iba a tratarse en la negociación colectiva nacional para alcanzar el sueldo mínimo.

Los repartidores se aliaron con el combativo sindicato Si Cobas y consiguieron un aumento salarial por contrato de 1, 10€ por reparto hasta alcanzar los 3, 80€. Sin embargo, después de esta significativa victoria, los 15 organizadores más destacados de la plantilla fueron desconectados y hubo una campaña de contrataciones masivas que diluyó la organización. El contraataque de Foodora combinado con los cambios en la aplicación, diseñados para apaciguar a los repartidores, detuvieron el movimiento con éxito.

Las huelgas en Francia fueron menos formales que en el Reino Unido y en Italia, puesto que los repartidores convocaron huelgas casi sin preaviso y con poca coordinación. Esta caótica situación creó una sensación de pánico entre los gerentes de la plataforma y Deliveroo llegó a amenazar con llamar a la policía para evitar la huelga de unos trabajadores que habían organizado un piquete a la puerta de un popular restaurante.

En Alemania, comenzaron a organizarse en abril de 2017 cuando el Sindicato de Trabajadores Libre (FAU, por sus siglas en alemán) lanzó la primera campaña de sindicación para plataformas de reparto de comida a domicilio en Berlín. Sus demandas abarcaban: horas trabajadas, garantizar suficientes horas para vivir del trabajo, 1€ más por reparto y una hora remunerada a la semana para organizar los turnos. Por primera vez, una gran cantidad de plataformas de reparto de comida a domicilio secundó la campaña. La primera protesta tuvo lugar en mayo y atrajo a más de 80 repartidores de Deliveroo y Foodora a una manifestación conjunta que exigía que se entablaran negociaciones. Una segunda manifestación en las oficinas centrales de Deliveroo y Foodora en junio atrajo a un número similar de participantes. La presión continua obligó a Foodora a negociar con el sindicato FAU en Berlín, aunque Deliveroo todavía se resiste.

En España se produjeron las manifestaciones más numerosas hasta el momento. Deliveroo respondió a las reivindicaciones de los trabajadores con represalias y desconectó a 13 trabajadores destacados. Sin embargo, la lucha continuó y se transformó el 2 de julio en una huelga nacional de tres horas (entre las 20 h y las 23 h) en Barcelona, Valencia y Madrid. La participación en Barcelona fue muy numerosa: 150 de los 230 trabajadores de la plantilla secundaron la huelga. Exigían un mínimo de dos repartos por hora, una garantía de 20 horas trabajadas a la semana y que la compañía dejara de hostigar a los trabajadores sindicados.

En España se produjeron las manifestaciones más numerosas hasta el momento. Deliveroo respondió a las reivindicaciones de los trabajadores con represalias y desconectó a 13 trabajadores destacados

De regreso en Italia, los trabajadores han seguido persiguiendo la vía legal para obtener un estatus laboral y un convenio colectivo diferentes, y han recibido el apoyo del partido político de izquierdas Sinistra Italiana. Las movilizaciones comenzaron en Milán y el 15 de julio se convocó otra manifestación de masa crítica que reunió a trabajadores de Foodora, Deliveroo y Giovo, para exigir bajas remuneradas y seguro en caso de accidente. Estos ejemplos de movimientos organizativos se están extendiendo por toda Europa en países como Holanda, Austria y Grecia, que ya se han sumado a las reuniones internacionales organizadas por los repartidores de Alemania, Italia y España.

Trabajar para una caja negra

En los lugares de Europa donde operan, las plataformas de reparto de comida se basan fundamentalmente en el mismo modelo de negocio. Utilizan una plataforma para conectar a los proveedores de comida, a los repartidores y a los clientes. Cada grupo utiliza una aplicación para interactuar con los otros y un algoritmo de gestión controla todo el proceso. Esto significa que la mayoría del tiempo los trabajadores responden a las órdenes que genera un sistema automático que se encuentra dentro de lo que el académico experto en el tema Trebor Scholz llama una «caja negra». La plataforma en sí cuenta con muy poco capital fijo y subcontrata todos los gastos del reparto a los repartidores, que tienen que suministrar sus propias bicis, datos y demás. A efectos prácticos, los trabajadores ya son dueños de los medios de producción necesarios para el proceso de reparto, con la excepción fundamental de la plataforma indispensable que coordina el proceso y los algoritmos, que permanecen con firmeza en poder del jefe.

Estos trabajadores están contratados mediante una relación laboral atípica cuya naturaleza específica difiere de un país al otro. Sin embargo, de manera universal, estos estatus atípicos se basan en el principio de que se puede trabajar por menos salario que un trabajador. Con esto se intenta reducir el coste de la mano de obra, cuyo precio se estableció tras diversos procesos históricos de lucha de clases, y sobre todo triunfa debilitando las viejas conquistas de los movimientos obreros y los acuerdos sociales y democráticos. Estas situaciones laborales atípicas son el resultado de una nueva relación entre el capital y el Estado, que está realizando reformas estructurales en el mercado de trabajo con un único objetivo: la Jobs Act de Renzi en Italia; las reformas de la ley sindical, las prácticas y la asistencia social en el Reino Unido; la Loi Travail en Francia; la contención salarial continuada en Alemania; la reforma laboral española de 2012, y así sucesivamente. Estos dos procesos están íntimamente relacionados: por una parte las plataformas como Uber a menudo usan dinero de inversores de capital de riesgo para presionar de forma agresiva a los gobiernos y modificar los marcos jurídicos y legales, y por otra generan las condiciones que necesitan sus modelos de negocio para prosperar.

El parecido transnacional en la organización del trabajo es lo que permitió la rápida expansión de las plataformas de reparto de comida a domicilio con el objetivo de establecer un monopolio y obtener efectos de red. Pero además de permitir que las plataformas de reparto de comida se expandieran rápidamente, este parecido ha generado las condiciones necesarias para que se produzca en esas mismas plataformas la rápida difusión de una lucha obrera en el sentido tradicional.

Organización invisible

El operaísta italiano Romano Alquati comentó una vez que ninguna lucha obrera es espontánea: «Si crees que es así, entonces no has visto la organización invisible que llevó hasta ella».

La organización invisible de la lucha contra las plataformas de comida parece haberse iniciado a partir de dos corrientes de experiencias convergentes. La primera es el proceso de trabajo mismo, trabajadores de reparto en situación precaria consiguieron forjar una comunidad en circunstancias poco ortodoxas, principalmente a través de grupos o aplicaciones cifradas de mensajería instantánea. En ocasiones, al confluir en «centros de zona» o puntos comunes de la ciudad se producían reuniones y asambleas en masa que la plataforma no podía controlar porque carece de un aparato de supervisión sobre el terreno. La segunda es la red de organización invisible que creció a partir de la experiencia subjetiva de los movimientos sociales tras la crisis de 2008. En lugar de tener experiencias en conflictos obreros previos, muchos de los organizadores y seguidores de estas luchas se habían formado en ese período de movimientos sociales en las plazas, universidades y calles. Cuando han confluido estas dos corrientes, el resultado ha sido la creación inmediata de organizaciones de base.

Esta organización de base ha dado como resultado por lo general que los trabajadores usaran medios muy similares para desarrollar su capacidad de presionar a sus respectivas plataformas. La táctica principal es la huelga, combinada con una masa crítica o piquetes móviles y con el apoyo de los movimientos sociales. La capacidad de presión de esta táctica proviene de dos fuentes: la primera es el bloqueo o manifestación del movimiento social, que sale a la calle para conectar con la clase trabajadora en lugares que están más allá del centro de trabajo. Esta estrategia ha producido a menudo un aumento del apoyo público hacia los repartidores y ha focalizado las protestas de los movimientos sociales en cuestiones estructurales de explotación. Cuando se emplea esta táctica, no hay espacio para tachar la lucha de los trabajadores de las plataformas de puramente económica. La segunda es el abandono del puesto de trabajo del sindicato. Los trabajadores flexibles abandonan su puesto de trabajo en masa y organizan piquetes en la ciudad, lo que les permite conectar con otros repartidores y clientes, para atraerlos al paro laboral. Los trabajadores supuestamente dispares y débiles hallan su fuerza cuando se encuentran en las calles. En todos los casos de esta ola de huelgas se conjugan todas las dinámicas de la manifestación junto con la cuestión fundamental de la mano de obra.

La síntesis entre movimiento social y laboral se desarrolló hasta tal punto que los trabajadores de las plataformas de comida hacían de exploradores durante las manifestaciones militantes en contra de la Loi Travail en Francia. Su movilidad y conocimiento de la ciudad les permitía ganar la partida a la policía para protestar contra el mismo tipo de reforma laboral que en un principio había posibilitado la creación de sus precarias condiciones laborales.

Este dinamismo ha sido en parte posible gracias al uso directo del arma de la huelga que, a su vez, fue posible gracias a que existían estas relaciones laborales atípicas. Cuando se relajaron los sistemas de protección jurídica que permitieron explotar más al trabajador, desaparecieron también los sistemas de protección del empresario. De repente, las huelgas salvajes eran las únicas huelgas posibles. La militancia laboral no podía controlarse mediante el procedimiento habitual de represión estatal y organización de los trabajadores, y el resultado fue un mayor potencial de desarrollo y expansión de las huelgas sin la intervención mayoritaria de los sindicatos.

¡Bloqueemos todo!

La existencia de movimientos huelguistas transnacionales en diversas plataformas de reparto de comida a domicilio demuestra que el desarrollo de lo que ha dado en llamarse el capitalismo de plataforma no está libre de conflictos. Aunque la lucha de clases no tiene aún el poder de configurar el desarrollo del sector, ya no es difícil imaginar que pueda ser un factor determinante. Si la ola de huelgas continúa y se observa un aumento en la interconexión y la fuerza de las huelgas contra las plataformas de reparto de comida, hay potencial para avanzar en la autoorganización de los trabajadores precarios del sector de las plataformas que trabajan bajo un tipo de gestión por algoritmo.

Tanto la gestión por algoritmo como el capitalismo de plataforma son fenómenos que van más allá del simple reparto de comida. Cada vez más, los supermercados y los almacenes utilizan algoritmos que organizan el trabajo, además, los trabajadores del sector de las plataformas van desde los conductores de taxi que trabajan para Uber hasta los empleados de Amazon Mechanical Turk. Si la militancia de los trabajadores de las plataformas de reparto de comida se expande hacia estos otros grupos, el conflicto de oposición a la explotación aumentará significativamente. Hay indicios de que esa expansión se está ya produciendo: los organizadores ya están iniciando acciones para promover un bloqueo de las infraestructuras logísticas clave de Amazon durante el Viernes Negro. El movimiento transnacional de las plataformas ha proporcionado experiencias significativas que aplicar en el movimiento transnacional contra el capital.

Fuente: Globedia