Clara nunca había tenido problemas de salud hasta que comenzó a debilitarse con 40 años, poco después de la apertura de la planta. Ahora, con 58 años, tiene el sistema inmunológico destrozado, varias enfermedades respiratorias y un cáncer de sangre. Es una de los 36 vecinos que han denunciado a la Administración por prevaricación

2016051311132276140Clara no se separa de su estuche de medicamentos. Está repleto. Tiene que tomar cinco diarios. Tres de ellos para prevenir posibles infecciones porque su sistema inmunológico está destrozado. Cualquier actividad cotidiana a ella le supone un esfuerzo colosal. Los otros dos que toma son para tratar sus problemas de alergia y de asma, que muchas veces derivan en ingresos hospitalarios porque el tejido de sus bronquios está muy deteriorado. Lo bueno es que el tipo de cáncer de sangre que padece, un linfoma no-Hodking, por el momento está en remisión. “Soy el testimonio vivo de que la planta de incineración de Valdemingómez es dañina y mortal para la salud”, explica Clara a este diario.

Su acogedor dúplex, ubicado en la urbanización Pablo Iglesias del municipio de Rivas y en el que vive desde el año 1982, se encuentra a apenas cinco kilómetros de distancia de la planta, al otro lado de la carretera de Valencia. Desde la inauguración de la incineradora, propiedad el Ayuntamiento de Madrid y dirigida por Tirmadrid.S.A (filial del grupo ACS), Clara siempre tuvo la sensación de que la quema de residuos provocaría efectos adversos sobre la salud de los vecinos. De hecho, ella nunca había tenido problemas de salud hasta que, poco después de la apertura, a principios de los años noventa, comenzó a cargar con la mochila de la enfermedad. “Todo lo que padezco a día de hoy ha sido después del funcionamiento de la planta, yo no tenía ninguna de esas enfermedades”, dice.

Empezó a debilitarse con 40 años

Clara tiene ahora 58 años y empezó a debilitarse con 40. Todo comenzó en el año 1995 con una alergia que derivó en un problema asmático grave. En 2008 los médicos detectaron que tenía el tejido de los bronquios muy dañados y que sus defensas eran débiles. “Todo eso es producido por sustancias tóxicas que he respirado”, explica. Y poco después, el cáncer. “Mi linfoma está directamente relacionado con la alteración del sistema inmunológico por la agresión a mi organismo por culpa de las sustancias que alteran mis defensas”, mantiene. Se ha acostumbrado, a la fuerza, a convivir con la enfermedad. De los diez vecinos que viven en su bloque, cinco han padecido cáncer. Dos de ellos ya han fallecido. “Todavía sobrevivimos tres”, afirma Clara.

Es una de los 36 vecinos de Rivas, todos afectados por distintos tipos de cáncer y familiares de fallecidos, que han decidido interponer una denuncia contra el exdirector general de Evaluación Ambiental de la Comunidad de Madrid, José Trigueros, que será citado a declarar como investigado por un presunto delito de prevaricación. Los vecinos le acusan de un delito de prevaricación por renovar en 2008 el permiso de funcionamiento de la incineradora sin realizar un Estudio de Impacto Ambiental.

“Tenemos la certeza de que hay personas que han muerto por cáncer en esta zona por la incineradora. Yo doy fe de que esto es mortal y grave para la salud. Tanto yo como el resto de vecinos que hemos presentado la denuncia. No hablamos de algo posible, hablamos de algo que es cierto y que está ocurriendo”, añade. La instalación de Valdemingómez produce la quema de una media de 300.000 toneladas de residuos urbanos al año y expulsa multitud de sustancias tóxicas.

Los resultados de un estudio elaborado en 2012 por un grupo de investigadores del Instituto Carlos III de Madrid, centro puntero en investigación biomédica, relaciona la actividad de las incineradoras con el cáncer. “Confirman la hipótesis de un riesgo estadísticamente significativo más elevado de morir de todos los tipos de cáncer, tanto en los hombres como en las mujeres que residen en municipios situados cerca de incineradoras y plantas de tratamiento de residuos peligrosos”, concluye el documento.

El estudio abarca 8.098 poblaciones españolas y se realizó en base a datos entre 1997 y 2006. En concreto, respecto a las consecuencias de la actividad de las incineradoras, el análisis muestra “un exceso de riesgo para todos los cánceres combinados y de cáncer de pulmón y, en particular, un notable incremento del riesgo de tumores en la pleura y la vesícula y en el estómago”. “Los análisis individualizados de las instalaciones revelaron riesgos relativos estadísticamente significativos de linfoma no Hodking en zonas cercanas a las instalaciones”, concluye.

Greenpeace pide el cierre

Según denuncian los vecinos, en 2008 se concedió a la planta la renovación del permiso de funcionamiento sin exigir un estudio de impacto ambiental ni epidemiológico. Precisamente por eso, los vecinos han decidido presentar la demanda. “Pasó una nueva autorización que exigía que se hiciera un nuevo estudio y no se ha hecho. El estudio de impacto ambiental es el estudio más importante que se debe de hacer sobre cualquier instalación de este tipo”, asegura a este diario Javier Navascues, presidente de la asociación Rivas Aire Limpio.

Greenpeace sostiene que no se ha realizado el estudio porque a las autoridades “no les interesa”. “Nosotros no dudamos en absoluto que la incineradora está vinculada con la enfermedad. Estamos convencidos de que eso es así”, sostiene Julio Barea, portavoz de la organización. Los ecologistas exigen el cierre de la planta incineradora y defienden que hay soluciones alternativas. Apuestan por la puesta en marcha de las tres ‘R’: reducción del consumo, reutilización y reciclaje. A través de diversos estudios, Greenpeace ha puesto de manifiesto el elevado coste económico, laboral y ambiental que tiene la incineración de basuras, “un sistema de gestión que endeuda a los municipios, destruye el empleo y contamina”. “Es un tema indignante porque hay soluciones y es barato”, concluye Barea.

Fuente: Estrelladigital