MARCHAS POR LA DIGNIDAD: MASIVAS Y CON FUERTES RASGOS ANTICAPITALISTAS
La llegada de las Marchas a Madrid el pasado sábado 22 fue la expresión multitudinaria de un malestar que se viene fraguando desde hace tiempo en el interior de millones de personas. La manifestación de varios centenares de miles ha sido una de las mayores protestas desde la guerra de Irak en el año 2000. Sin embargo, lo que parece más significativo con ser importante no es la cantidad de participantes, sino el fortalecimiento de los componentes sociales y anticapitalistas, así como el importante papel jugado por sectores del sindicalismo alternativo. Es decir, esta movilización recoge y concentra importantes aspectos de movilizaciones recientes, pero parece que pone en primer plano otros que no estaban o tenían una importancia secundaria. Sobre ello tratan las líneas que siguen.
1)      Un golpe contra el gobierno. Como dice Manuel Jabois en El Mundo del 23 de marzo, en una crónica titulada “Brotes Verdes de los indignados”, “Lo que ayer quedó claro es que la estabilidad de índices macroeconómicos que propaga el Gobierno, la admiración y aplauso de agentes internacionales y las señales timidísimas de que el empleo remonta tuvieron respuesta fulminante en el centro de Madrid, en calles colapsadas por decenas de miles de personas, en una desbordante marea que por tramos y colores señalaba su procedencia.”
2)      Un golpe a la llamada Concertación Social. La que el pasado martes, día 18, quisieron escenificar los secretarios generales de CCOO y UGT con el Presidente de Gobierno, la Ministra de Trabajo y el Presidente de la CEOE, mientras algunos centenares de personas caminaban por las carreteras en dirección a Madrid. No fue esa reunión la que cuestionaba la política de Rajoy, sino, como dice el cronista de El Mundo, la movilización en la calle.
3)      Una movilización hecha al margen, y a veces en oposición, de las estructuras de los sindicatos mayoritarios. En esta movilización ha destacado por su papel dinamizador un sector del sindicalismo alternativo (especialmente el SAT, la Intersindical, la IAC de Cataluña o la CUT de Galicia) que ha sido capaz de agrupar a cientos de pequeños colectivos, grupos del 15M, la PAH, de las Mareas, de IU, de la izquierda radical, e incluso de sectores del sindicalismo institucional.
Esta movilización se inserta en la onda abierta por el 15M, caracterizada por poner en pie formas de resistencia sin esperar a las organizaciones del sindicalismo y la izquierda institucional y con formas contrapuestas a estas, basadas en la participación y la autoorganización. Pero con la característica novedosa del papel protagonista, ya mencionado, del sindicalismo alternativo, que han pasado de sus acciones locales y sectoriales a actuar estatalmente. Al dar este paso, estos sectores han favorecido la expresión concentrada de múltiples conflictos y han practicado una función que los sindicatos mayoritarios se niegan a desarrollar. A la vez que han hecho que, las movilizaciones basadas en la autoorganización, que aunque importantes podrían parecer excepcionales, hayan adquirido el rango de generales, de “normales”.
4)      Con preponderancia de reivindicaciones obreras y sociales, aunque sin olvidar las reivindicaciones democráticas: “Pan, trabajo y techo para todos”. De esta forma se ha subrayado que no es sólo la falta de democracia la que nos origina carencias y pobreza, sino que es la prioridad de los intereses financieros (el capitalismo en definitiva) la causa fundamental que nos trae miseria y recortes democráticos para impedir que nos defendamos y dispongamos sobre la riqueza. Este eje central no impidió, sin embargo, que se expresaran los múltiples agravios que venimos padeciendo, como la negación del derecho de las mujeres a disponer de sus cuerpos o la Ley de Extranjería.
5)      Que apuntó soluciones de fondo: “No al pago de deuda, ni un recorte más, fuera los gobiernos de la Troika”. Este rasgo es un paso de gran importancia frente a otras movilizaciones, que como las Mareas, se quedaban en exigir la retirada de la agresión concreta y parcial, aunque esta fuese de gran trascendencia. Aquí se han señalado soluciones de fondo: el no pago de la deuda y expulsión de los gobiernos de la austeridad.
Tras este gran paso adelante, es necesario plantear qué hacer para darle continuidad. Las Marchas por la Dignidad han tenido esencialmente dos fuerzas propulsoras. La primera y fundamental, la decisión de cientos de miles de personas de convertir el descontento en lucha. La segunda, la  multitud de grupos que han decidido poner en primer plano lo que une y han sabido trabajar juntos.
Hacer que esto continúe depende en gran medida de que este acuerdo multigrupos continúe y se fortalezca. Y aquí el sindicalismo alternativo no debería abandonar el papel jugado. Si esta unidad se mantiene, con toda seguridad facilitará que la convicción que cientos de miles y tal vez millones de personas tienen de que es necesario luchar se consolide, aún en medio de las próximas fases electorales donde aparecerán los llamamientos a solucionar los problemas exclusivamente a través del voto.
Javier Cordón, miembro del Movimiento Asambleario de Trabajador@s de Sanidad