Es incomprensible, al menos a primera vista. Después, la metáfora guerrera viene una vez más en nuestra ayuda. Los generales no saben en realidad lo que se cuece en el frente. Para empezar, nunca han estado allí, porque hacer visitas, rodeados de otras autoridades, con todo bien preparado para la ocasión, no es estar allí. Por otra parte, no van a escuchar a la soldadesca porque, si reconocen que en esa tropa hay mucho experto, ¿qué valor queda para su propia y supuesta maestría, que se basa en poseer un conocimiento que no todos detentan? Además, se trata finalmente de mantener el juego habitual con el adversario habitual, es decir, somos «enemigos», pero estamos en el mismo barco, la democracia parlamentaria, y el estado de la sanidad es obra de todos, no es más que una de las caras de un país, aunque sea la cara que se ocupa de la salud de los ciudadanos.

Si en el país hay corrupción y mamoneo, en la sanidad también. Si hay desigualdad, también en la sanidad. Muchos dicen que el virus no entiende de clases sociales, pero por supuesto no es así. La clase determina las condiciones de vida, y estás condiciones te hacen más o menos vulnerable. Si vives compartiendo 50 m2 con varias personas, de las cuales varias tienen que ir a trabajar en transporte público, ni te cuento si el trabajo es en un hospital, tienes muchas más papeletas que los que viven pocos, en casa amplia, teletrabajando y comprando por internet. Esta desigualdad es ahora, pero la desigualdad geográfica era y es un hecho. El tratamiento que recibas para una enfermedad puede ser diferente si vives en un pueblo o ciudad pequeña, o bien si te tratan en una gran ciudad.

El PSOE levanta un poco el pico de la manta del desmantelamiento de la sanidad pública del PP, y el PP agita el tema de los test chapuceros, pero finalmente es juego parlamentario, representación electoral. El hospital de IFEMA supongo que es un intento de seguir la estela china, obviando que lo que parece que fue muy útil en China, puede no serlo tanto aquí, y que inventar las propias soluciones a menudo da mejores resultados. Parece como si, bajo ese río de declaraciones institucionales y palos de ciego, corriera otro, el de las invenciones de la gente, invenciones en las que las enfermeras son expertas, adoptando nuevos usos para los materiales de los que disponen. Toda esa técnica y laboriosidad que se ha puesto en marcha en IFEMA, podría emplearse igualmente en habilitar instalaciones que ya existen, sí, y también podrían hacerse las cosas con más cabeza. Se nos llena la boca diciendo que tenemos una magnífica sanidad, pero ya se sabe que «dime de qué presumes…»

Podría seguir aquí, contando y disertando, pero no quiero resultaros cargante. Mucho ánimo para todos, especialmente para los del frente.

Elena Muñiz

Enfermera