Corría el año 2014 cuando en el reino del Hospital 12 de Octubre, después de muchos, muchos años y tras haber fastidiado a sus súbditos durante largo tiempo, la “emperatriz Gerente”, ordena que se lleve a cabo los traslados internos. Tarea ardua, que se le encomienda a su ma-quiavélico “primer ministro”, el Director de Recursos Humanos. Tras meses y meses de reuniones con los representantes de los súbditos, ávidos de poder y prebendas, parece que todo se encamine a “buen puerto”. Grave error. Ni siquiera la actuación de Fujur, dragón de la suerte, y el empeño de un pequeño reducto de “rebeldes” pudo evitar el desastre. Listados in-correctos, baremaciones erróneas, falta de criterios de valoración,… Que hacen que el devenir de los súbditos afectados sea todo un infierno. La “Nada” lo absorbe todo. Pero cual manza-na madura y al cabo de unos 18 meses, tiempo que dura el parto la burra, se hace publico lo inesperado. La Movilidad Interna parece que inicia su andadura.
Parece un cuento, pero sabéis que es real.
Podríamos conformarnos con aceptarlo y dar un toque de humor a situaciones como las vividas. Es típico en nuestro carácter latino ha-cer de una “desgracia”, una sonrisa. ¡Sería un error! Hay cosas que deben cambiar. No nos merecemos, que unos incompetentes, marquen nuestros destinos. Y si aún no se han dado cuenta, que hagan una en-cuesta de satisfacción de los profe-sionales en torno a su labor? Pero ojo, no los compañeros que realizan su labor bajo las órdenes de aque-llos. No es de recibo que el personal no pueda organizarse su vida fami-liar. Que tengan que esperar a mar-charse a su puesto designado hace la “tira” de tiempo.
Es más, se permiten el lujo de incumplir los plazos. Desde la adjudicación de los primeros traslados hasta la toma de posesión del nuevo destino, había seis meses para incorporarse al mismo. Y debía hacerse de forma paulatina para evitar problemas asistenciales. Pero claro, se empeñaron en hacer los dos concursos – ordinario y extraordinario– a la vez. Con la excusa de no mover tanto a los eventuales ¡Que buenos que son! ¡Que les pregunten a esos mismos eventuales las planillas que tienen y la de veces que les han movi-do según necesidades! Lo que tendrían que haber hecho es su trabajo. En ningún hospital ha ocurrido lo que en el nuestro. Han realizado los concursos de movilidad cuando correspondía y de forma eficiente. Con criterios más plausibles que los nuestros. Dónde la valoración de la experiencia profesional, tiempo trabajado, es mejor valorada en relación a la formación. Aquí haremos cursos hasta el día del juicio y engrosaremos las arcas de algunas organizaciones, que supuestamente velan por “nuestros intere-ses” Además, una cosa que indigna sobremanera es que, a pesar de tener el nivel máximo en los sistemas de informatización, el personal tenga que estar entregando continuamente papeles para todo tipo de trámi-tes. Seamos optimistas. Pensemos que todo llega a su fin por mal hecho que esté. Y que tengan la suficien-te capacidad de preguntar a los profesionales si quieren o no incorporarse a los diferentes destinos adjudi-cados y por adjudicar. Dado que las Navidades están a la vuelta de la esquina.
MATS 12 de Octubre