La furia y el silencio
Asturias, primavera de 1962
Jorge M. Reverte.
 
Jorge Martínez Reverte es autor de varias novelas de ficción y de varias obras sobre la Guerra Civil como La Batalla del Ebro, La Batalla de Madrid y La Caída de Cataluña.

            En La Furia y el Silencio, publicado por Espasa en 2008, el autor narra la huelga que llevaron a cabo los mineros del carbón en Asturias en la primavera de 1962, que posteriormente se extendió a los trabajadores metalúrgicos de la zona, del país Vasco y de minas e industrias de todo el país.

            Se llamó la huelga del silencio. Puesto que no existía libertad sindical, de reunión ni de expresión, los trabajadores no prepararon la movilización en reuniones ni asambleas, tampoco anunciaron su comienzo mediante carteles ni octavillas. Se limitaron a intercambiar miradas, a negarse a descolgar su equipamiento de la percha de la que colgaba. Y salieron de los pozos en silencio. Fue una huelga espontánea, improvisada y pacífica en solidaridad con ocho trabajadores despedidos en el pozo Nicolasa, que se extendió hasta movilizar a más de 65 000 trabajadores en Asturias, que llegaron a ser 300 000 en todo el país, que mostraron así su solidaridad con los mineros asturianos. El PCE aún se estaba recuperando de la oleada represiva que sufrió tras las movilizaciones de la Jornada de Reconciliación Nacional contra la dictadura de 1958. Los socialistas tenían orden estricta de no colaborar con los comunistas en ningún caso. Esta huelga  no fue planificada ni dirigida por ninguna de estas organizaciones, pero sus militantes jugaron un papel destacado en ella. Varios curas la apoyaron desde sus púlpitos, jóvenes católicos organizaron comedores para los hijos de los mineros. Todos sabían lo que estaba en juego: hubo unos 400 detenidos, deportaciones, palizas, torturas y cárcel. A pesar de ello, consiguieron mejoras en salarios y pensiones y se liberó a muchos de los detenidos.

            La unidad que mostraron los trabajadores fue imprescindible. Sin una absoluta mayoría de compañeros dispuestos a ello no se consigue detener la actividad. La solidaridad fue espontánea y masiva. Minas y talleres con buenas condiciones laborales pararon en apoyo a los huelguistas por todo el país.

            Una lectura interesante en este momento, de escasa movilización en los centros de trabajo, para quienes buscamos entender por qué y cómo se llevaron a cabo luchas laborales frente a una dictadura como la franquista, y qué está pasando hoy en día para que se esté produciendo un deterioro de las condiciones de trabajo que no estamos siendo capaces de detener.

 

Guillén del Barrio, miembro del MATS.