¡Hola! Soy Ana Izquierdo, una enfermera de las urgencias del Hospital 12 de octubre. Llevo trabajando desde el año 93.

Quería contaros mi experiencia en esta tragedia impuesta por el coronavirus.

Hace 6 días empecé a encontrarme mal, ya no sabía si era por las condiciones de trabajo o porque realmente estaba mala. Cuando empezó la fiebre, me hicieron la PCR y efectivamente, positivo para coronavirus.

Cuando comenzó esta Pandemia, antes de que la denominarán así, en el hospital se intuían cambios, que no auguraban nada bueno.

La información fue llegando a cuentagotas, de manera improvisada, se generó un ambiente de desconfianza, que no hacía más que aumentar el miedo en los trabajadores, comenzamos a sentirnos vulnerables.

Nos organizamos de la mejor manera posible, con los escasos recursos con los que contábamos, digo escasos porque es la verdad, reutilizamos los trajes de proteccion individual, las mascarillas, las gafas….

Nos reuníamos a petición extraordinaria con la subdirección médica y de enfermería, para explicarles la situación y eran conocedores del caos que se avecinaba y en el que nos sumergiamos.

He visto pasearse a la directora de enfermería por los pasillos y no mostrar ni siquiera la empatía de preguntar si nos encontrábamos bien…. Vergonzoso.

Ese miedo al que hacía mención antes, nos ha hecho movilizarnos a nosotros mismos, y buscar las soluciones que desde arriba no llegaban o llegaban tarde. Mis compañeros trabajan asegurando la salud de los pacientes y la propia gracias a su esfuerzo supremo y su buen hacer, en condiciones infrahumanas.

Parece mentira que en el siglo XXI en un país del primer mundo, en un hospital de referencia como es este, se tenga que trabajar bajo las directrices de personas que no son capaces ni de dar explicaciones a los trabajadores.

La inmundicia ,lo inhóspito, el caos son las condiciones reinantes en el Hospital 12 de Octubre.  Siento rabia, siento pena, siento indignación.

He sentido miedo, mucho miedo, antes de ponerme enferma, porque cada día cuando llegaba a casa, me despojaba de mi ropa y de mis enseres personales y me duchaba con fruición…. Ahí dentro estaban mis hijos.

Cuando supe el diagnóstico, comenzó una batalla personal, intentando guardar medidas de aislamiento para salvaguardar lo más preciado que tengo, y allí estábamos los tres, ellos en una esquina y yo en otra…. Difícil para una madre enfermera, saber que antes de empezar a tener síntomas yo ya podía ser portadora de la enfermedad.

La falta de instrucción, la falta de formación y la falta de recursos se ha hecho patente en un país como España, un país que se considera a la cabeza en materia de Sanidad.