COMENTARIOS SOBRE EL LIBRO “LAS REDES DEL PODER EN ESPAÑA: ÉLITES E INTERESES CONTRA LA DEMOCRACIA” (1)
Una búsqueda de los principales beneficiarios de las grandes decisiones políticas de los últimos cuarenta años en España señalará, sin lugar a dudas, al gran capital “nacional” y extranjero: reconversión industrial, entrada en la OTAN, entrada en el euro con las condiciones de Maastrich; reformas laborales y de las pensiones, salvamento bancario; reforma del artículo 135 de la CE… Así, este resultado, más allá de las definiciones eufemísticas de la Constitución, dejará pocas dudas sobre el carácter burgués del Estado Español. Sin embargo, en el día a día, salvo momentos excepcionales, las decisiones políticas no son percibidas por la sociedad con un carácter tan descaradamente clasista. El libro de Andrés Villena, que aquí se comenta, “Las redes de poder en España: élites e intereses contra la democracia” (en adelante “Las Redes”), ayuda a aclarar parte de esta aparente contradicción.
Para ello analiza el comportamiento de una de las piezas claves en la estructura y el funcionamiento del Estado, lo que él llama “la tecnoestructura” -“esa red de tecnócratas y académicos que defiende las decisiones llamadas “de sentido común”, generalmente coincidentes con los deseos de los poderes económicos nacionales, los inversores mundiales y las instituciones comunitarias” (pg.208)- y las redes de poder en las que tal “estructura” se integra.
A lo largo de las más de 250 páginas del libro, el autor, como él mismo declara, “desvela la articulación de las principales redes de poder que han conseguido poner la democracia española al servicio de una serie de minorías con intereses ajenos a los de los votantes…, que vienes supervisando las decisiones políticas más relevantes que se han tomado durante las dos últimas décadas en nuestro país, condicionando nuestras vidas, nuestra percepción de la realidad y nuestro porvenir” (pg. 15).
Poco más adelante, aclara: “Al emplear la expresión “redes de poder”, nos referimos a los principales partidos políticos del sistema, especialmente a los que han formado gobiernos recientes, pero también a las grandes empresas, españolas o no, y, por supuesto a las altas finanzas…; a los grandes medios de comunicación…; al poder burocrático de élite, ya sea judicial, diplomático, jurídico o fiscal, inserto en las instituciones estatales y también en los grandes consejos de administración privados, en las autonomías, etc. No pueden faltar los poderes supranacionales europeos e internacionales; el estratégico y lucrativo poder militar y la Monarquía, productora de símbolos de unidad nacional, de legitimidad constitucional y de nexos comerciales para el suministro extranjero de materias primas y otros productos” (pg.16).
El autor cumplirá su promesa estudiando a lo largo del libro la obra y biografía de miembros que han jugado papeles centrales en los gobiernos de Zapatero (2004-2011), Rajoy (2011-2018 y Sánchez (2018 hasta ahora). Y ahí quedará claro como los grandes consorcios empresariales no necesitan colocar a sus más conocidos representantes al mando de los ministerios, el ejército, los poderes judiciales o los medios de comunicación; serán “los expertos” quienes responderán a las necesidades de los sectores más potentes del capital, con las consiguientes remuneraciones y premios. Con la gran ventaja de enmascarar la fea realidad de una democracia gravemente imperfecta.
TECNOCRACIA Y CARÁCTER DE CLASE
El gran papel de la “tecnocracia” es que al aparecer como la personificación de la ciencia, del saber objetivo y de la neutralidad, oculta su pertenencia a una clase (a la clase dominante) y la del propio estado. Y gracias a esa apariencia de objetividad, sus decisiones de clase, las puede presentar ante la sociedad como medidas dictadas por su sabiduría con el único propósito de lograr el “bien común”.
“Las Redes”, a través de un trabajo empírico, niega el carácter desclasado y neutro de la alta burocracia. Dejará ver que estas “personalidades”, no son individuos aislados que ocupan puestos claves en las administraciones públicas exclusivamente por su saber y su excelente hoja de servicios; sino que los retratará como parte de la clase dominante, por educación, relaciones, ideología e intereses y mostrará su pertenencia a “clanes” y “sagas” ligados a los grandes consorcios para quienes en realidad trabajan.

Describirá cómo sus vidas profesionales discurren entre las instituciones estatales, autonómicas, internacionales supraestatales, las cátedras universitarias y las grandes empresas privadas; por compartir comparten hasta el ocio, perteneciendo a los mismos selectivos clubes (el famoso palco del Bernabéu, sería un ejemplo) y frecuentando los mismos lugares de recreo.
Esta búsqueda le lleva al autor a discrepar del popular concepto de “puertas giratorias”, que emparenta estas relaciones con la corrupción y lo excepcional. Expondrá que el asunto es más grave, al tratarse de un fenómeno generalizado y sólido, consistente en la configuración de redes de intereses y poder que pueblan permanentemente instituciones y grandes empresas, a veces, incluso hasta parte de las cúpulas sindicales.
La pertenencia de clase y la falsa neutralidad de la alta tecnocracia no solo queda demostrada con la descripción de las biografías de personajes claves del poder en los últimos 40 años (Solchaga, Eduardo Serra, Morenés, Miguel Sebastián, Solbes, Montoro, Sáenz de Santa María, De Guindos, Cañete, Nadia Calviño…), se prueba también con la continuidad de las políticas neoliberales que caracteriza a estos gobiernos de PP o PSOE.
Importante dato sobre a quién sirve la tecnocracia es, como recuerda “Las Redes”, la actuación de determinados personajes que hicieron el papel de creadores del problema –por ejemplo, la creación de las burbuja inmobiliaria- y, a la vez, de ejecutores de la “solución”, –las políticas de austeridad-.
En esa doble atribución de papeles serán notables las actuaciones de Montoro y De Guindos. Y, en consecuencia, a nadie extrañará que quienes se beneficiaron de la burbuja financiera e inmobiliaria (bancos, constructoras, consultoras, fondos buitre, empresas de automoción) sean los mismos que han atravesado la crisis, que generaron, aumentando sus ganancias; mientras que la mayoría de la población además de padecer mayores sufrimientos, ha salido más pobre y con peores condiciones de vida.
“Las Redes” es un libro muy recomendable. Da información fundamental para hacer que la sospecha de que el gobierno y el Estado están al servicio de una minoría, se convierta en una certeza. Y trae al recuerdo la frase de Marx “El poder estatal moderno no es más que una junta administrativa que gestiona los intereses comunes de toda la clase burguesa”
Andrés Villena Oliver (2019). Las redes del poder en España: élites e intereses contra la democracia”. Barcelona. Roca Editorial.
Javier Cordón, miembro del Mats

MAFO SABÍA DE LO QUE HABLABA

Sobre la continuidad de las políticas, se recogen en el libro unas esclarecedoras declaraciones de Miguel Ángel Fernández Ordoñez (MAFO) hechas en 2003, según recoge el autor: “Dentro de cincuenta años, cuando los historiadores describan la política económica de los gobiernos de la democracia (UCD, PSOE, PP) no apreciarán muchas diferencias entre la orientación de las mismas… El gobierno socialista privatizó el doble de empresas de las que privatizó posteriormente el PP, habiendo iniciado la privatización de las mayores empresas públicas… Pero hizo esto ocultándolo, sin enorgullecerse de haber sido -y lo sigue siendo- el gobierno más privatizador de la historia de España” (pg. 56).

Este alto cargo, típico ejemplar tecnócrata sabía de lo que hablaba: fue reclutado por el gobierno de la UCD donde su hermano era ministro; fue Secretario de Estado de Economía en el primer Gobierno de Felipe González, Secretario de Estado de Comercio, siendo Solchaga ministro; después fue miembro ejecutivo del FMI, presidió el Tribunal de Defensa de la Competencia y la Comisión Nacional de la Energía. No debió decir ninguna herejía, pues poco después de estas declaraciones fue nombrado Secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos en el primer Gobierno Zapatero (2004-2006) y, más tarde, Gobernador del Banco de España (2008-2012).